sábado, 22 de agosto de 2009

Fraudulenta

Voy al gimnasio, vuelvo y tomo un jugo de naranja recién exprimido, una tostada de pan integral con queso light, y después me clavo un cuartito de bizcochitos de grasa.

viernes, 21 de agosto de 2009

Disposición

Mi jefa, the lesbian, pasa caminando por el pasillo de las oficinas, siguiendo a un técnico que vino a instalar unas máquinas.

Jefa: ¿Querés mate? ¿Café? ¿Una gaseosa? ¿Algo? ¿Facturas?

Técnico: No no. Quiero algo bien específico y sé que vas a poder ayudarme.

Jefa: Decime.

Técnico: Bueno, fijate que...

Jefa: Pará, ¿me tengo que bañar?

miércoles, 19 de agosto de 2009

La televisión del tercer mundo

De todos los momentos que me toca vivir en soledad, la hora de la cena es la peor. Sin embargo, he aprendido a combatir ese momento horroroso, concentrándome en gente que está mucho peor que yo. Por eso, a la hora de la cena, y aunque me avergüence decirlo, yo miro el grandioso programa de Julián Weich.

Mi cena no dura mas de quince minutos, que espero ansiosa, frotándome las manos, pensando de antemano las barbaridades que le voy a gritar al aparato (aparato televisor, no Julián, aunque pensándolo bien, qué mas aparatoso que el impresentable ese) y me siento sobre unos almohadones, llevo la bandeja con comida, hablo con la boca llena, mientras le grito a la hermana de Wanda Nara que la voy a matar porque no es justo que sea tan linda, y le digo a Tuqui “qué bajo caíste hijo de puta” y me pregunto por qué hay que festejar tanto que alguien gane 100 pé, cuando hoy día con ese dinero no te comprás ni dos kilos de carne.

Pero mi momento preferido es el momento del juego del invitado sorpresa. La última vez que lo vi estaba de invitado Marcelo Iripino (un “susano” histórico que ahora ha descendido al peor de los infiernos al atreverse, no sólo a cantar, sino además a sacar un disco llamado “Tu frutita”). Costó una cantidad inconmensurable de preguntas adivinar quién era, y no sé si lo lograron, porque cuando terminé mi milanesa de soja, me fui a la computadora, y me puse a ver algo mas interesante. Porque chicos, en “What´s my Line?”, no llevaban gatos baratos con pretensiones artísticas. Llevaban artistas de verdad.




Un dato no menor: cuando van vedettes el juego se torna incomprensible, porque las chicas, a cada pregunta, mandan fruta. Entonces, todas ellas saben: cantar, bailar, actuar, conducir, hacer gimnasia artística, patinar, tirar las cartas y hacer muñequitos con arcilla. Vamos chicas, que somos pocos y nos conocemos mucho...

martes, 18 de agosto de 2009

Mis cinco minutos de fama

(o el fin del mundo está más cerca de lo que creíamos)


Nótese, por favor, lo mala que soy con el Photoshop. Lo único que tenía que hacer era un parche sencillo, y me quedó horrible.

martes, 11 de agosto de 2009

No me copa en absoluto

  • La gente que se jacta de no haber visto nunca la televisión.
  • La gente que se autoproclama "intelectual".
  • La gente que abraza en demasía.
  • La gente que pronuncia excesivamente bien una palabra en idioma extranjero (en especial si es français) cuando viene hablando en porteño de Caballito.
Es arbitrario e intolerante. No hace falta que me reten.

viernes, 7 de agosto de 2009

Macanuda

Íbamos en su auto. Apenas nos conocíamos. Ella, treinta y cinco años, soltera. Yo, veinticinco, recién separada. Le contaba un poco por qué me había separado, y ella, me interrumpe y dice, como si estuviera esparciendo la palabra del Señor: "Tengo una mala noticia: no hay hombres".

Y como si eso no hubiera sido nada. O como si no hubiera notado que mi rostro gritaba "Callate que me suicido", agrega: "Además, ahora que vivís sola, NUNCA más en tu vida vas a querer convivir con alguien".

Macanuda che. Estuve a un segundo de tirarme de palomita por la ventanilla.

lunes, 3 de agosto de 2009

Mi hijo, el mimo

El sábado, nos imaginamos con mi amiga, por enésima vez en nuestras vidas, la tragedia de que un hijo venga y te diga: "Mamá, ya sé cuál es mi vocación: quiero ser mimo".

Por las dudas, ya tenemos ensayados todos los gestos que le haríamos para decirle que, de una patada en el orto, antes de ser mimo, lo vamos a mandar al infierno.