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viernes, 13 de noviembre de 2009

Depresión II

Demoré cinco segundos, eternos, en esbozar una primera palabra. Pensé qué decir para no quedar como el ojete, pensé, también, en largarme a llorar y aceptar que soy una perdedora, pensé en salir corriendo total ya estaba perdida, pensé en reirme como si estuviera demente, pensé en la mala suerte que me persigue y se empeña en arruinarme la vida, pensé en ponerle de sombrero la canastita del super a la mina. En cambio, dije:

"Todo bárbaro, a full, estoy pintando mi casa y por eso estoy asi vestida. No crean que yo salgo así a la calle, eso jamás. Lo que pasa es que me agarraron ganas de comer unos sanguchitos, y me vine asi como estaba, sino tenía que bañarme, peinarme, cambiarme, al pedo, total no me iba a encontrar con nadie, pero no se preocupen, no salgo asi siempre. Aparte todavía no terminé allá, y si me bañaba, me cambiaba, me peinaba y etcéteras, cuando volvía iba a tener que ensuciarme toda de nuevo, y volver a bañarme, y peinarme y cambiarme, y no daba. Asi que me vine asi, qué se yo. Tampoco es tan grave, a veces uno sale medio mal vestido a la calle, no es para tanto. Quién no tiene una joggineta destinada las labores del hogar. Aparte, miren, yo me pongo esta ropa y me siento mas obrera y siento que las tareas del hogar me salen bien. Como que me transformo verdaderamente en un pintor, y el pincel se desliza mejor. Igual ya estoy terminando, me queda re poquito. Miren (mientras señalaba un gotón fucsia en el buzo): éste es el color del living, fucsia, bien de mina, tengo que aprovechar, ahora que vivo sola, y darme todos los gustos decorativos que nunca pude darme. Aparte, vos sabés cómo es el señor que vivía conmigo, muy caprichoso y acuariano, para él lo que él decía era siempre lo mejor y había que hacer eso que él decía, y a mi me daba por las pelotas, pero aceptaba, porque en una pareja es fundamental la negociación. Ojo, tampoco es que era una dominada, nada que ver. De hecho todas las plantas del patio las elegí yo sola, a él nunca le gustaron, porque viste que él es como mas fashion, quería poner sólo yuyos y espigas, y yo quería flores, colores, a mi las espigas me dan mala onda, me deprimen, me parecen snobs y palermogólicas, no me gustan, ni me parecen decorativas, ni nada. Asi que eso, a full, muy contenta con mi nueva vida, terminando de arreglar la casa, pero feliz, muy feliz. ¿Y ustedes?"

Naturalmente, la pareja me miraba con los ojos llenos de lástima. Era mas que evidente que estaba hablando mi depresión y no yo. Era evidente que estaba tratando de disfrazar mi tristeza con frases inconexas y sin sentido. Y como ellos no respondían, como pasaba el tiempo y no me decían nada de nada de nada, yo me quebré. Y me largué a llorar.

La mina
Bueno, ya está, no te preocupes...
ya va a pasar

El tipo
Epa, ¿qué pasa?

M
No, no se preocupen, estoy bien.
Es la alergia.

"Es la alergia", dije. Qué pelotuda. Ya estaba entregada, ya había jugado el papel de loca superada y ya había dado lástima lárgandome a llorar. Qué otra cosa podía hacer. Me quedaban dos opciones: salir corriendo, o reirme. Y como no soy buena en los deportes, me reí. Primero un poquito, después un poco mas.

M
Ya se me va a pasar.
No es tan grave.
Días de mierda tenemos todos.

La mina
Obvio que se te va a pasar.
¿Sabés la cantidad de veces que me pasó a mi?

El tipo (mirando a su mujer)
¿Vos saliste asi a la calle?

M (mirando al tipo)
Bueno, che, tampoco es para tanto.

El tipo (mirándome a mi)
Y... ¿vos te viste al espejo?

M (mirando mi outfit)
Es terrible, ¿no?

La mina
Todas pasamos por eso.

El tipo
Terrible es poco.

Y me volví a reir. Dejé la canastita, no compré galletitas chocolatosas ni compré madalenas rellenas de dulce de leche. Los saludé con un beso, y les dije que me alegraba verlos, que se los veía muy bien juntos. Y caminé, despacio, hacia la salida del super. De fondo escuché al tipo diciéndole a su mujer "¿Pero de verdad vos saliste asi vestida a la calle?", y ella que le respondía "Pero obvio boludo, todas las mujeres caemos en eso alguna vez. Aparte yo la entiendo, cuando yo me separé del señor que vivía con ella, fui a la casa a tirarle piedras a la ventana, y se la hice mierda (risas). Esta chica está perfecta".

Volví a casa riéndome, y aproveché. Ya que estaba vestida de "Cacho, el pintor", me puse un disco de Gilda, y terminé de pintar los marcos de la puerta de casa. Mientras tanto, bailé.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Depresión I

La semana pasada tuve algunos días de depresión extrema: me sentía sola, desdichada, fea, miserable, inútil, estúpida, lloraba por cualquier cosa (cuando me hablaba el kiosquero, cuando descubrí que se había roto la luz de la cocina y, créase o no, cuando escuché un chiste en una sitcom de los ´80), andaba como un trapito de piso usado y desvencijado, era la sombra (una sombra muy venida a menos) de lo que siempre fui. Durante esos días lo único que me mantenía viva era contar las horas que me faltaban para llegar a casa, ponerme un jogging y la peor remera y hundirme en el sillón a llorar por mi apestosa vida.

El miércoles, cuando llegué a casa, hice el ritual tan esperado: me enrodeté el pelo, me puse el jogging gris que está estirado en las rodillas, una remera que dice "Villa Carlos Paz 1990", calcé las ojotas naranjas, y fui a la alacena a buscar alimentos chocolatosos y engordantes que me recordaran que, a pesar de todo, siempre nos quedará la deliciosa comida. El horror. Los paquetes de galletitas Melba habían desaparecido por arte de magia, las madalenas rellenas con dulce de leche se habían evaporado, y un tarro con galletitas de agua me miraba, expectante, sintiendo que era su oportunidad de lucirse. Pobre tarro, me miraba con esos ojos llenos de esperanza que tienen los chicos gorditos que en la primaria son elegidos últimos en la formación del equipo de fútbol. Le pedí perdón mentalmente, le dije que otro día sí, que si quiere puede acompañarme la próxima vez que coma arroz con atún, pero ahora no, no podía estar tan deprimida y encima ponerme a comer galletitas de agua. De eso a la muerte hay un cuarto de paso.

Decidí salir al supermercado. Cuando estaba llegando a la puerta de entrada, me vi en el espejo. No había manera de que yo saliera asi a la calle. Asi que entré, y me puse un bucito azul, deportivo, que me queda medio corto de mangas y que además está un poco manchado con la pintura fucsia que usé en el living. "Ahora sí", me dije, confundiendo todos los parámetros que separan el buen gusto de la ridiculez, la moda de lo bochornoso, la vida con la muerte. Y salí.

Mientras caminaba saludé al kiosquero (que se llama como el señor que vivía conmigo, es una linda manera de tenerlo siempre presente), al peluquero (un señor divino que siempre me dice que tengo el pelo lindo, pero esa vez esbozó un sencillo "Hola") y al chino del super (un gordo gigante que se la pasa diciéndome "Señora"). Entré al establecimiento, y mientras agarraba una de las canastitas que sería colmada de basura comestible, los vi: a escasos diez metros, la pareja mas perfecta del universo se aparecía ante mi, un ser en joggineta, buzo corto, rodete y ojotas naranjas. Él agarraba dos latas de arvejas y hacía malabares, ella se reía, él dejaba las latas y le daba un beso. Se abrazaban, sonreían. Eran lindos. De esas parejas que dan envidia. De esas parejas que uno sabe que nunca tendrá. Me quedé parada mirándolos, odiándolos, sintiendo ganas de revolearles un par de latas de tomates, partirles un sachet de leche en la cabeza, batir una Doble Cola y bañarlos hasta que queden pegoteados. Y mientras yo pensaba en estas cosas, mientras descargaba una furia demencial de manera imaginaria, mientras armaba trincheras mentales, mientras libraba una guerra contra el amor, la veo. Ella se acercaba a mi, lentamente, y yo sentía las lágrimas que lentamente iban inundando mis ojos, y no pude moverme, no pude correr por mi vida, no pude, porque no tuve tiempo.

La mina: Hola M, ¿Cómo andás tanto tiempo?
El tipo: Hola M, ¿Cómo va?

Frente a mi, o a lo que quedaba de mi, a esa sombra venida a menos de lo que alguna vez fui, en el super chino de la esquina de mi casa, se me aparecían ellos: la ex de mi ex y su marido.

Continuará...