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martes, 8 de febrero de 2011

El morochazo

El morochazo sentado al lado mio en el colectivo me miraba. Yo estaba con la cabeza hacia adelante pero de reojo podía ver la suya girando hacia mi. El morochazo ni se gastaba en disimular: me miraba y me miraba y me volvía a mirar. Y mientras mas me miraba, mas me ponía nerviosa. ¿Qué quería? ¿Me conocía? ¿Yo le gustaba? ¿Tenía algo? ¿Estaba perdido y quería preguntarme dónde bajarse y no se animaba? ¿Era alguien famoso y estaba esperando que yo lo reconociera y le rogara un autógrafo? ¿Quería robarme?

No entendía nada. El viaje era medianamente largo y el morochazo seguía mirándome y no había ningún asiento libre donde cambiarme y ni en pedo vuelvo del trabajo parada en el colectivo porque me deprime y porque como soy petisa, si voy parada quedo muy cerca de las axilas transpiradas de la gente que levanta los brazos y que ahora, en esta época tan veraniega, en este día tan húmedo, están peor que nunca.

Tan nerviosa me puse, tanta intriga me causó querer saber por qué me miraba, que me empezaron a transpirar las manos y cerca de mi parada supe que no podía irme de ahí sin saber qué le pasaba al morochazo. Entonces le pregunté.

M: Qué. (fui escueta, ya lo sé, pero también quería hacerme la interesante porque secretamente esperaba que me dijera que era linda, que tenía buenas tetas, ojos lindos o un pelo de publicidad)

El morochazo: Que tenés un bigote.

M: Cómo. (así, como una afirmación cobarde y apichonada)

El morochazo (señalando su bigote con el dedo índice): Que... (pausa trágica) que tenés un... (pausa espantosa) bigote.

Y me bajé. Y corrí a mi casa. Y el morochazo tenía razón.

viernes, 12 de marzo de 2010

De por qué tengo que aprender a callarme la boca

Estaba en mi oficina, tratando (en vano) de editar una escena. Lo que no me lo permitía era la música espantosa que provenía de la sala de al lado. Me levanté de la silla, entré sin golpear a la isla de edición, y le dije a mi compañero de trabajo: "¿Pero de dónde sacaste esa música tan pero tan pero tan horrible y pedorra?". Y antes de que él llegara a abrir la boca para responderme, la clienta que estaba con él me miró, furiosa, y respondió: "Es la música de mi página web".

lunes, 15 de febrero de 2010

Verde que te quiero verde

Habiendo almorzado a las 13:30, hace poco mas de una hora pasé casualmente por un espejo y descubrí un orégano monumental en mi dentadura. ¿Como es que nadie me avisó? El mundo está lleno de gente de mierda, que prefirió reirse de mi toda la tarde en vez de avisarme que andaba por ahí con una verde sonrisa.

viernes, 8 de enero de 2010

Me debo a mi público

Ayer cuando llegué del trabajo abrí las tres ventanas inmensas que tiene mi nuevo hogar, para ventilar un poco, y entré a bañarme. Cuando salí del baño me tropecé con una caja, y supe que era hora de desembalar algunas cosas y poner un poco de orden en la nueva morada.

La tarea de desembalaje es soporífera, y mas para mi, que soy ansiosa hasta el hartazgo: en vez de ir de a una caja, abro tres o cuatro, desparramo todo y cuando tengo todo desperdigado quiero largarme a llorar porque ya estoy aburrida, cansada y abrumada. Para combatir las crisis de desembalaje encontré el remedio perfecto: darle play a la lista de música de la vergüenza (que incluye hitazos de Rita Pavone, Rafaela Carrá, Sergio Denis y Xuxa, entre otros innombrables) y ordenar al son de la música, imaginando públicos inexistentes que piden "¡Otra! ¡Otra!" y baten palmas sin cesar. Entonces le di play a la lista, y empecé a ordenar con una energía inimaginable, y una cantidad de ropa mínima: musculosa y bombacha.

En eso estaba, meta poner y sacar porquerías de las cajas, cuando empezó a sonar un tema que me desconcentró de la tarea. Me puse unos lentes negros, agarré el cepillo de pelo, y comencé el show. Cuatro minutos a puro salto, patita levantada y caras sexys. Cuatro minutos de alentar a mi audiencia imaginaria para que cantara conmigo. Cuatro minutos en los que me sentí, de hecho, la reina de los bajitos. Levanté los brazos. Puse la mano en el oído haciendo como que escuchaba cantar a mi público. Hice palmas. Di vueltitas. Hice un trencito imaginario. Corrí de una punta del departamento a la otra. Armé pasitos para que mis espectadores me imitaran. Meneé la cola. Hasta que terminó el tema. Di una última vuelta, e hice la reverencia correspondiente para agradecer a mis fans por tanta alegría compartida.

Y en el mismo segundo en que me incorporaba tratando de recuperar el aire, escucho: "¡Bailate otro!", y mientras me doy vuelta, pienso en voz alta "que eso no haya sido para mi que eso no haya sido para mi que eso no haya sido para mi". Pero sí, era. Porque me había olvidado un pequeño detalle: mis tres ventanas dan a la calle. Y en la terraza del ph de enfrente, los tres señores que habían disfrutado de mi show, alzaban sus pulgares y sonreían, asi que no me quedó otra que levantar la mano, y bajar la cabeza en señal de agradecimiento. Al fin y al cabo, yo me debo a mi público.

Y lo que bailé, fue esto. No podía ser de otra manera.

martes, 5 de enero de 2010

Meterete

No sé bien cómo empezar a contar lo que hice una semana atrás. De solo pensarlo me pongo colorada. Me da vergüenza. No me reconozco en la situación. No puedo creer haber llegado tan lejos. Tuve que esperar una semana para procesarlo. No pude hablar antes. Quise olvidarme. Pero ahora, martes cinco de enero, siendo las cuatro de la mañana, me desperté pensando en el asunto, y me dije: "Lo escupo en el blog, espero palabras de aliento, me preparo para las burlas. Lo supero". Aquí estoy.

Cuando era chica mamá me decía, siempre: "No te metas en asuntos ajenos". Y yo siempre le hice caso. Nunca me involucré. Jamás emití una opinión si no se me pedía una. Tampoco hice preguntas que pudieran resultar incómodas. O, al menos, eso intenté. Porque ya expliqué en el post anterior que cuando estoy contenta me boludizo. Y la boludez me lleva a convertirme en un ser espantoso. La boludez me empuja a un precipicio. Y yo me dejo caer. No intento siquiera aletear los brazos para suavizar la caída, para planear y caer de pie. No. Yo me dejo caer y termino destrozada, con fracturas múltiples.

Iba caminando por la vereda de mi casa. Estaba contenta porque tenía una cita. Venía de la fiambrería. Estaba disfrutando mis últimos días en Belgrano City. Delante mio caminaba un muchacho treintañero. Llevaba puesta una remera blanca. En la manga izquierda, a la altura del hombro, un bicho. Negro y asqueroso. Grandote. Feo. Feísimo. Horrible. Repugnante. Me puse nerviosa. No sabía qué hacer: por un lado retumbaban en mi cabeza las palabras de mi santa madre, pero por el otro no podía dejar de pensar que si estuviera en la situación de portadora de bicho agradecería infinitamente que alguien me avisara. Entonces me revelé. Me olvidé, una vez mas, de las palabras de mi madre, e hice lo que me dictó el corazón. Me acerqué dando algunos pasitos rápidos y cortitos al muchacho, y sin pensarlo mas de un segundo, alcé mi mano derecha, y le di una palmada a su hombro. Una palmada seca. Pero el bicho no se movió. Porque no era un bicho: era la etiqueta de la remera. O sea: le di un "tate quieto" a un desconocido, sin ningún motivo válido. El muchacho se dio vuelta rápido, consternado, posiblemente muerto del susto. Y se encontró conmigo: una boludona con la bolsa de la fiambrería en una mano, y un ataque de risa feroz, que intentaba explicarle en vano el por qué del tate quieto. Hilé algunas palabras, formé alguna que otra oración, le di un poco de coherencia al discurso, hasta que el muchacho se empezó a reir conmigo. Le pedí perdón, le dije "fue sin querer perdón perdón perdón" y me fui, al super, pensando que sí, si me pasa de nuevo, se cae de maduro que voy a hacer lo mismo. Porque a Ramera boluda, no se le escapa una.

lunes, 21 de diciembre de 2009

Un desafortunado chiste

Por un lado, seamos sinceros: tuve suerte. Un sábado a la noche me enteré que tenía que mudarme, y el martes siguiente conseguí departamento. Repetimos: tuve suerte.

Por otro, sigamos siendo sinceros: la alegría me pone boluda. Y cuando me pongo boluda, digo estupideces que me llevan por un camino terrible. Enseguida tomo confianza, y creo que todos tienen el mismo sentido del humor que yo. Que, naturalmente, saben que no hablo en serio, que digo pavadas y hago chistes de mal gusto y desubicados el 90% del día. Creo que todos manejan el mismo nivel lingüístico que yo. Me olvido que, con cierta gente, no hay que hacer chistes. Que no hay que ser inoportuna, que hay que tener un mínimo de seriedad. Hoy, cuando mi locador (a quien apenas conozco) me mandó el contrato, tuve un pico de boludez. Un pico casi inverosimil del que va a ser difícil volver. Un pico que, seguramente, tendrá consecuencias drásticas: tener que ir a vivir debajo de un puente o, lo que es peor, tener que volver a la casa de mis padres.

From: locador@simerompéseldeptotemato.com
To: ramera@soyunadesubicada.com

Te mando el contrato, leelo y decime si está ok.

From: ramera@soyunadesubicada.com
To: locador@simerompéseldeptotemato.com

Está perfecto. Cuando me das las llaves firmamos, rompemos una botella contra la pared para bautizarlo, destrozamos todo para festejar y quemamos las cortinas para implorarle al dios del fuego que me otorgue felicidad en tu departamento. Después hago un fiestón: estás invitado.

Nunca me respondió. Espero que haya comprendido que se trató de uno de los peores y desubicados chistes que hice en toda mi vida.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Impulsos

Llegás a tu casa, del trabajo, cansada, y te ponés a hacer lo que mejor te sale: morsear frente a la computadora, mientras escuchás alguna música pedorra y tomás mates con bizcochitos. Mientras lo hacés, empezás a notar una molestia en tu cuerpo, y descubrís, con mucha pena, que la molestia se va si te desabrochás el pantalón. El pantalón, ese que te quedaba holgadito, el que usás cuando estás al límite de tu peso normal, ese que usás el domingo para ir a la casa de tus padres a comer como un cerdo, ese mismo pantalón, ahora te aprieta. Lo desabrochás y seguís en la tuya, casi te olvidás del tema, hasta que una voz, pongámosle que es tu super yo, la voz de tu conciencia, te dice: "Hija de puta, levantate y salí a hacer algo que los años no vienen solos, eh. Un día te vas a levantar y vas a tener el culo por las rodillas, en tu panza se va a formar la imagen de Buda, no seas boluda, levantate y salí a correr. ¡YA!" Y te asustás. Y te levantás.

Desempolvás el shortcito de correr, y chequeás que no esté apolillado, te ponés una remera viejita, y rogás que las zapatillas todavía te entren. Una vez que estás lista, te mirás en el espejo, y el solo hecho de haberte levantado, cambiado y atado el pelo, te da la sensación de que sos una deportista de la concha de la lora. Y que podés correrte una maratón ahora, ya, en este momento, decime dónde es la largada.

Salís, tranquila, y vas caminando al parque, porque "Los músculos tienen que calentar de a poco". Vas acelerando, sentís el aire llegando a tus pulmones, sentís los músculos poniéndose en movimiento, sentís un ruidito en la rodilla y decís "No es nada, no es nada, me falta un poquito de aceite nomás". Y seguís, canchera, hasta llegar al parque. Pensás en seguir caminando un poco mas, ver si hay mucha gente y mirar un ratito a los patos. Ves una chica, de tu edad, con una bolsa de plástico alrededor de la cintura, también caminando. "Al menos no estoy sola", pensás, y empezás a trotar, despacito, tranquila, porque sabés que dejaste de correr hace mucho tiempo y los músculos podrían estar atrofiados.

Corrés dos minutos por reloj, y sentís que en cualquier momento vas a tener que parar a vomitar los pulmones, las piernas te tiemblan un poco y tenés la boca reseca. Entonces ahí, cuando estás a punto de rendirte porque "esto no es para mi", lo ves: un viejo de sesenta, impecable, pasa por al lado tuyo, corriendo con un ritmo maravilloso, sus piernas se mueven a la perfección, no está colorado, ni transpirado, ni parece estar desarmándose en mil pedazos como vos, que corriste esos dos minutos de mierda y necesitás un pulmotor. Lo mirás y le decís con los ojos: "Ah, viejo de mierda, conmigo no, eh. ¡CONMIGO NO!"

Encontraste un objetivo. Sabés que ese es el conejito que deberías perseguir si fueras un perro de carrera. Respirás, profundo, hacés una cuenta regresiva mental, y te echás un pique. Lo único que tenés que hacer en este momento en concentrarte, pasar al viejo de mierda, derrotarlo, pisarlo como a una cucaracha. Y, claro, lo pasás. Y apenas lo pasás lo mirás de reojo como diciéndole "tomá, viejo choto" y en tu cabecita empieza a sonar la música de "Carrozas de fuego", y escuchás los aplausos, y rompés la cinta imaginaria que te declara ganadora, y te ves batiendo un champagne y abriéndolo, empapando de felicidad a todos esos que te miran y te adoran. Y estás tan pelotudizada con tu peliculita, que no te percatás de lo que tenés delante. Estás ciega, no lo ves, no lo presentís, no nada. Lo único que te importa en este momento es tu triunfo, entonces seguís, y cuando mirás al piso, cuando tu pie derecho ya está en el aire, recién ahí, ves el barro. Y lo pisás. Y te resbalás. Y te caés de culo. La gente te mira, algunos se rien, uno se acerca y te pregunta si estás bien y vos le decís "Sí, obvio, estoy bárbara". Te levantás, tenés embarradas las piernas, tenés que escupir los pulmones, estás toda colorada, te picaron varios mosquitos. Y la gente sigue riendo. Entonces te alejás, muerta de la vergüenza, te escondés un poco, te sentás en un banco, y decís, en voz alta: "Impulsos de mierda y la re putísima madre que los parió. En mi vida voy a volver a hacerles caso".

Y después nada... te quedás un rato ahí, criticando mentalmente a los viejos que andan en tetas, a las chicas que se ponen una bolsa en la cintura, a los señores que usan calcita, a los que están colorados y necesitan una ambulancia urgente, inventás historias de amor entre los patos que mirás, le sonreís a un perro, y te parás, volvés a tu casa, en el camino pensás qué vas a cenar, y cuando llegás, abrís el blog, y te ponés a escribir.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Depresión II

Demoré cinco segundos, eternos, en esbozar una primera palabra. Pensé qué decir para no quedar como el ojete, pensé, también, en largarme a llorar y aceptar que soy una perdedora, pensé en salir corriendo total ya estaba perdida, pensé en reirme como si estuviera demente, pensé en la mala suerte que me persigue y se empeña en arruinarme la vida, pensé en ponerle de sombrero la canastita del super a la mina. En cambio, dije:

"Todo bárbaro, a full, estoy pintando mi casa y por eso estoy asi vestida. No crean que yo salgo así a la calle, eso jamás. Lo que pasa es que me agarraron ganas de comer unos sanguchitos, y me vine asi como estaba, sino tenía que bañarme, peinarme, cambiarme, al pedo, total no me iba a encontrar con nadie, pero no se preocupen, no salgo asi siempre. Aparte todavía no terminé allá, y si me bañaba, me cambiaba, me peinaba y etcéteras, cuando volvía iba a tener que ensuciarme toda de nuevo, y volver a bañarme, y peinarme y cambiarme, y no daba. Asi que me vine asi, qué se yo. Tampoco es tan grave, a veces uno sale medio mal vestido a la calle, no es para tanto. Quién no tiene una joggineta destinada las labores del hogar. Aparte, miren, yo me pongo esta ropa y me siento mas obrera y siento que las tareas del hogar me salen bien. Como que me transformo verdaderamente en un pintor, y el pincel se desliza mejor. Igual ya estoy terminando, me queda re poquito. Miren (mientras señalaba un gotón fucsia en el buzo): éste es el color del living, fucsia, bien de mina, tengo que aprovechar, ahora que vivo sola, y darme todos los gustos decorativos que nunca pude darme. Aparte, vos sabés cómo es el señor que vivía conmigo, muy caprichoso y acuariano, para él lo que él decía era siempre lo mejor y había que hacer eso que él decía, y a mi me daba por las pelotas, pero aceptaba, porque en una pareja es fundamental la negociación. Ojo, tampoco es que era una dominada, nada que ver. De hecho todas las plantas del patio las elegí yo sola, a él nunca le gustaron, porque viste que él es como mas fashion, quería poner sólo yuyos y espigas, y yo quería flores, colores, a mi las espigas me dan mala onda, me deprimen, me parecen snobs y palermogólicas, no me gustan, ni me parecen decorativas, ni nada. Asi que eso, a full, muy contenta con mi nueva vida, terminando de arreglar la casa, pero feliz, muy feliz. ¿Y ustedes?"

Naturalmente, la pareja me miraba con los ojos llenos de lástima. Era mas que evidente que estaba hablando mi depresión y no yo. Era evidente que estaba tratando de disfrazar mi tristeza con frases inconexas y sin sentido. Y como ellos no respondían, como pasaba el tiempo y no me decían nada de nada de nada, yo me quebré. Y me largué a llorar.

La mina
Bueno, ya está, no te preocupes...
ya va a pasar

El tipo
Epa, ¿qué pasa?

M
No, no se preocupen, estoy bien.
Es la alergia.

"Es la alergia", dije. Qué pelotuda. Ya estaba entregada, ya había jugado el papel de loca superada y ya había dado lástima lárgandome a llorar. Qué otra cosa podía hacer. Me quedaban dos opciones: salir corriendo, o reirme. Y como no soy buena en los deportes, me reí. Primero un poquito, después un poco mas.

M
Ya se me va a pasar.
No es tan grave.
Días de mierda tenemos todos.

La mina
Obvio que se te va a pasar.
¿Sabés la cantidad de veces que me pasó a mi?

El tipo (mirando a su mujer)
¿Vos saliste asi a la calle?

M (mirando al tipo)
Bueno, che, tampoco es para tanto.

El tipo (mirándome a mi)
Y... ¿vos te viste al espejo?

M (mirando mi outfit)
Es terrible, ¿no?

La mina
Todas pasamos por eso.

El tipo
Terrible es poco.

Y me volví a reir. Dejé la canastita, no compré galletitas chocolatosas ni compré madalenas rellenas de dulce de leche. Los saludé con un beso, y les dije que me alegraba verlos, que se los veía muy bien juntos. Y caminé, despacio, hacia la salida del super. De fondo escuché al tipo diciéndole a su mujer "¿Pero de verdad vos saliste asi vestida a la calle?", y ella que le respondía "Pero obvio boludo, todas las mujeres caemos en eso alguna vez. Aparte yo la entiendo, cuando yo me separé del señor que vivía con ella, fui a la casa a tirarle piedras a la ventana, y se la hice mierda (risas). Esta chica está perfecta".

Volví a casa riéndome, y aproveché. Ya que estaba vestida de "Cacho, el pintor", me puse un disco de Gilda, y terminé de pintar los marcos de la puerta de casa. Mientras tanto, bailé.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Depresión I

La semana pasada tuve algunos días de depresión extrema: me sentía sola, desdichada, fea, miserable, inútil, estúpida, lloraba por cualquier cosa (cuando me hablaba el kiosquero, cuando descubrí que se había roto la luz de la cocina y, créase o no, cuando escuché un chiste en una sitcom de los ´80), andaba como un trapito de piso usado y desvencijado, era la sombra (una sombra muy venida a menos) de lo que siempre fui. Durante esos días lo único que me mantenía viva era contar las horas que me faltaban para llegar a casa, ponerme un jogging y la peor remera y hundirme en el sillón a llorar por mi apestosa vida.

El miércoles, cuando llegué a casa, hice el ritual tan esperado: me enrodeté el pelo, me puse el jogging gris que está estirado en las rodillas, una remera que dice "Villa Carlos Paz 1990", calcé las ojotas naranjas, y fui a la alacena a buscar alimentos chocolatosos y engordantes que me recordaran que, a pesar de todo, siempre nos quedará la deliciosa comida. El horror. Los paquetes de galletitas Melba habían desaparecido por arte de magia, las madalenas rellenas con dulce de leche se habían evaporado, y un tarro con galletitas de agua me miraba, expectante, sintiendo que era su oportunidad de lucirse. Pobre tarro, me miraba con esos ojos llenos de esperanza que tienen los chicos gorditos que en la primaria son elegidos últimos en la formación del equipo de fútbol. Le pedí perdón mentalmente, le dije que otro día sí, que si quiere puede acompañarme la próxima vez que coma arroz con atún, pero ahora no, no podía estar tan deprimida y encima ponerme a comer galletitas de agua. De eso a la muerte hay un cuarto de paso.

Decidí salir al supermercado. Cuando estaba llegando a la puerta de entrada, me vi en el espejo. No había manera de que yo saliera asi a la calle. Asi que entré, y me puse un bucito azul, deportivo, que me queda medio corto de mangas y que además está un poco manchado con la pintura fucsia que usé en el living. "Ahora sí", me dije, confundiendo todos los parámetros que separan el buen gusto de la ridiculez, la moda de lo bochornoso, la vida con la muerte. Y salí.

Mientras caminaba saludé al kiosquero (que se llama como el señor que vivía conmigo, es una linda manera de tenerlo siempre presente), al peluquero (un señor divino que siempre me dice que tengo el pelo lindo, pero esa vez esbozó un sencillo "Hola") y al chino del super (un gordo gigante que se la pasa diciéndome "Señora"). Entré al establecimiento, y mientras agarraba una de las canastitas que sería colmada de basura comestible, los vi: a escasos diez metros, la pareja mas perfecta del universo se aparecía ante mi, un ser en joggineta, buzo corto, rodete y ojotas naranjas. Él agarraba dos latas de arvejas y hacía malabares, ella se reía, él dejaba las latas y le daba un beso. Se abrazaban, sonreían. Eran lindos. De esas parejas que dan envidia. De esas parejas que uno sabe que nunca tendrá. Me quedé parada mirándolos, odiándolos, sintiendo ganas de revolearles un par de latas de tomates, partirles un sachet de leche en la cabeza, batir una Doble Cola y bañarlos hasta que queden pegoteados. Y mientras yo pensaba en estas cosas, mientras descargaba una furia demencial de manera imaginaria, mientras armaba trincheras mentales, mientras libraba una guerra contra el amor, la veo. Ella se acercaba a mi, lentamente, y yo sentía las lágrimas que lentamente iban inundando mis ojos, y no pude moverme, no pude correr por mi vida, no pude, porque no tuve tiempo.

La mina: Hola M, ¿Cómo andás tanto tiempo?
El tipo: Hola M, ¿Cómo va?

Frente a mi, o a lo que quedaba de mi, a esa sombra venida a menos de lo que alguna vez fui, en el super chino de la esquina de mi casa, se me aparecían ellos: la ex de mi ex y su marido.

Continuará...

jueves, 29 de octubre de 2009

La venganza será terrible

Hace algunos minutos, ni más ni menos, corrí por el pasillo de la productora, entré rapidito a la oficina de mi asistente, no pude frenar, y me caí de culo delante de él.

Todavía se ríe.

jueves, 8 de octubre de 2009

Not Important People

O naciste para los eventos, o no. No hay término medio. O sos una diosa que se roba todas las miradas, o sos una pichi que se queda sin entrada aún habiendo sido invitada. O te sacan fotos los paparazzis porque aunque no seas famosa estás buena, o te piden que les traigas la cuenta del café. No hace falta aclarar en qué grupo estoy, ¿no?

Hace algunos días me llama una amiga y me invita a la función de prensa de un musical para el que trabajó. Me pasa a buscar por casa, y me maquilla. Yo no sé maquillarme, y cada vez que la veo con el delineador en la mano siento como si un león estuviera a punto de atacarme, y le ruego: "Por favor amiga, poquito, que no se note". Y siempre, indefectiblemente, sin ningún tipo de margen de error, cuando me miro al espejo toda maquillada, no me reconozco. Y no tengo desmaquillante.

Cuando llegamos, había gente famosa, gente medianamente famosa, cholulos que se sacaban fotos con todos y noteros con cara de aburrimiento. No intenté hacer una entrada triunfal, porque ya sabemos que apesto en esos momentos, asi que me quedé apartada. Viene el productor, mi amiga me lo presenta, y él, natural, como si estuviera diciendo alguna pelotudez, con su voz de productor berreta, pero fuerte, grita: "Ah no, no hay entrada para las dos. Una se tiene que quedar afuera". "No es necesario gritar", le digo yo, colorada, a lo que el muy animal de granja responde: "Es que vos no sos nadie, no estás en la lista de invitados, acá hay gente importante, si querés quedate acá y si sobra un lugar, te hago pasar. De última podés mirar la obra de parada". "Me estás cargando, ¿no?" le dijo mi amiga, porque yo ya tenía los ojos llenos de lágrimas (estoy muy sensible últimamente). El productor berreta inmundo y desubicado negó con la cabeza, y sonrió.

Nos retiramos. En silencio. Yo me sentí desdichada, mi amiga se reía y puteaba casi a los gritos. Con el primer pedacito de queso y el primer trago de cerveza, se me pasó el malestar.

lunes, 28 de septiembre de 2009

viernes, 25 de septiembre de 2009

Caída

Esta semana trabajé tanto, que cada vez que tuve un ratito libre, me dormí unas lindas y reparadoras siestas. Ayer me subí al colectivo a las nueve y media de la noche, había pocos asientos libres. Elegí uno del medio, de los que son de a dos, lado pasillo. Apenas apoyé la cabeza, me fui a jugar al mundo de los sueños. Pero no pude disfrutar demasiado, porque apenas diez cuadras mas tarde, me desperté, cayéndome al piso, mientras el colectivo doblaba. La vergüenza que me dio fue tanta, que me levanté rapidito, toqué el timbre y bajé. De fondo se escuchaban todavía los ecos de las carcajadas de mis compañeros viajantes.

viernes, 28 de agosto de 2009

martes, 7 de julio de 2009

Llora llora, la llorona

Llego a casa y no hay nada para comer. Lloro.
Voy a buscar unos cuadernos que esperaba hace mucho tiempo. Cuando los veo, lloro.
Escucho "Qué linda sos". Lloro.
Mamá me abraza. Lloro.
Veo una pareja tomada de las manos. Lloro.
Escucho música (cualquier tipo de música) y lloro.
Veo una comedia. Lloro.
Leo el diario. Lloro.
Miro el noticiero. Lloro.
Me pierdo en la calle. Lloro (también alucino que la gente va a empezar a hacer palmas para encontrar a mis padres).
Mi amiga está recluida por peligro de gripe porcina. Lloro (no por la gripe, que me la soba, sino porque no tengo quien me acompañe de fiesta).
Mi otra amiga está recluida en el campo por propia voluntad por peligro al contagio. Lloro.
Me quemo con una sartén mientras hago milanesas de soja. Lloro.
Miro las alegrías del hogar del patio que se están secando. Lloro.
El hogar está sucio. En vez de limpiarlo, ¿adivinen qué? Lloro.

A mi me habían dicho que separarse es triste, pero esto ya es demasiado: me he convertido en una pelotuda full time.

jueves, 25 de junio de 2009

Necrológicas

Mariano: Se murió Michael Jackosn.
M: ¡Biennnnn! ¿En serio?
Mariano: JAJAJAJAJAJAJ Sí, en serio. La parca esta inquietísima.
M: Está bien, que se lleve gente, ya somos demasiados en el mundo.
Mariano: No boluda. Rolo Puente esta internado.
M: Pero que se lleve a los famosos boludo, ya fue, aparte Rolo puente tiene como mil años.
Mariano: No tenés corazón.
M: Sí. Tengo corazón para las cosas que me importan, Michael, Peña y Rolo me la soban.

La fiesta del reencuentro

viernes, 12 de junio de 2009

Supercalifragilisticexpialidocious

Todos tenemos ciertas películas que han marcado nuestra vida. Por ejemplo, yo debería confesar que cuando hago zapping y están dando "Quisiera ser grande", no me queda otra que parar. Lo mismo sucede con "Dirty Dancing", "Flashdance" o "Castillos de hielo".

Hasta hace algunos meses no me preocupaba mucho por esta adicción crónica a películas de mi infancia, hasta que tuve una brillante idea (ya sé que llegué tardísimo, pero soy así de lenta): buscar los momentos cumbres de estas películas en YouTube.

Y ahora, claro, el problema. Una o dos veces por semana me siento en la computadora y busco el final de "Flashdance", o miro escenas de "My fair lady" o de "The sound of music" y lloro de la emoción, me río como una nena o me asusto cuando aparece "IT". De cualquier manera, lo tenía mínimamente controlado, y la adicción no repercutía en mi vida cotidiana.

Hasta que encontré este video, el video de mi vida, el que marcó mi infancia, el primer tema que toqué en el piano, el que no me canso de mirar. O cantar. O bailar. Y así estoy, viendo este video entre tres o cuatro veces seguidas a la mañana en el trabajo, a la tarde en casa y a la noche antes de dormir.

Mi intención, por supuesto, es contagiarlos.

jueves, 21 de mayo de 2009

Volví. ¿Y ahora qué?

M: ¿Por qué volviste al blog?

Una Ramera: Porque si esperaba que se solucionaran mis quilombos me agarraba el fin del mundo.

M: Dale, ¿por qué volviste?

Una Ramera: Porque los extrañaba.

M: Explayate.

Una Ramera: Eso, los extrañaba. Aparte tengo acumulación de contenido en la cabeza y si no lo posteo se va a morir perdido entre mis neuronas.

M: Pero boluda, escribilos en Word.

Una Ramera: Me da fiaca. Igual tengo las ideas escritas. Pero tengo que apurarme porque son síntesis extremas que apelan a mi supuesta memoria, que en realidad no existe. Tengo una hoja que dice:
• La boluda- delivery- confusión
• Chancho- vecina- muero de ganas
• Colectivo- viejas chotas- vivir sola
• La boluda- contraseña

M: ¿Y qué vas a hacer con todas esas pelotudeces inentendibles?

Una Ramera: ¿Disfrazarme de alguno de los de Abba y grabarme cantando Chiquitita?

M: Perfecto.

domingo, 12 de abril de 2009

Que la madrugada del sábado te encuentre sola, mirando en el cable una copia doblada al español de "Dirty Dancing", indica, básicamente, que estás hecha mierda.