jueves, 27 de noviembre de 2008

¡Bingo!

Bueno, la cosa es que lo miro mientras habla con su madre. Espero, sentada, desnuda y pensando un monton de boludeces que no vienen al caso. Hasta que vuelve. Y con todo el esfuerzo remontamos la situación. Y cuando estábamos ahí, envueltos en ardiente pasión, llegando a la cima, dejándonos llevar por nuestros instintos mas primitivos:

Pelmazo (susurrandome)
¿No me das una tijera?

Una Ramera (espantada)
¿Eh?

Pelmazo
Es que no puedo abrir el forro

Cartón lleno.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

martes, 25 de noviembre de 2008

La vida con un acuariano

1.
M: Estás lindo...
Acuariano: ¿Viste?

2.
M: ¿Vamos a leer al parque?
Acuariano: ¿Me comprás el diario que salio una nota mia?

3.
M: ¿Por qué cambiaste el fondo de pantalla de MI computadora?
Acuariano: ¿Te pongo una foto mia y encima te quejás?

4.
M: Te quiero mucho.
Acuariano: Yo me amo.

lunes, 24 de noviembre de 2008

Advertencia

El próximo ser humano que se atreva, en cualquier situación, a decirme "señora", muere.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Glamour Cero

La primera vez que fuimos a cenar afuera con los padres de Camioncito, yo estaba emocionada. Mis ex suegros nunca salían de su casa y convencerlos nos había llevado más de un mes.

Por eso, ese sábado, estuve desde las cuatro de la tarde eligiendo el atuendo perfecto, el peinado ideal, el maquillaje que nunca usaba. La noche debía ser perfecta.

Decidí ponerme un vestido por las rodillas, muy veraniego, con un escote que mejor ni te cuento, unas chatitas y un saquito que ahora me resulta inmundo. Me pasaron a buscar y, en menos de diez minutos, ya estábamos en la vereda de enfrente de la pizzería paqueta de Ramos Mejía.

Bajé del auto y me saqué el saquito. Al fin y al cabo, hacía calor y yo tenía que lucir el escote. Crucé la avenida bastante mas rápido que ellos, por lo que llegué a la puerta del comedero y me quedé parada hasta que llegaran. Estaba contenta. Demasiado.

Mientras estaba parada ahí, pasó un grupo de adolescenes de entre quince y dieciseis años. Me miraron, se sonrojaron y se rieron tímidamente. Yo me sentí, como mínimo, una diosa. Todo estaba saliendo de mil maravillas.

O por lo menos eso era lo que yo creía.

Porque cuando entré al comedero, y enfilé hacia la escalera para ir al primer piso, el alma se me fue al piso en menos de treinta segundos. Subí el primer escalón, el segundo, el tercero… iba moviendo deliberadamente la cola y tenía la espalda derecha, lo de nunca. Pero cuando estaba llegando al quinto escalón, empecé a verme en el espejo del descanso de la escalera. Primero la frente, la nariz, la boca, el cuello… y después.

Después una teta. Al aire. Descubierta. Desnuda. Haciendo topless. Descarada. Como las viejas en los vestuarios. Como Moria en la playa. Como la mujer de Hnglin. Una teta que descansaba afuera del vestido, que se revelaba al mundo, que no quería se cubierta, sino mas bien descubierta.

Me quedé helada. No sabía qué hacer. Me moría de la vergüenza pero al mismo tiempo no hacía nada para cubrirme. Me miraba el vestido con un pecho afuera y no entendía en qué momento había pasado. Me quería morir.

Después de algunos segundos eternos, sentí que Camioncito me tocaba el culo, como de costumbre, para que caminara. Ahí salí de mi congelamiento, recién ahí pude cubrirme.
Caminé a la mesa, con la cabeza gacha, me senté y comí en silencio, toda la noche, espiando de reojo a todos los comensales del restaurante, sintiendo que todos me habían visto la teta, que todos se estaban riendo de mi.

Después de ese día, el vestido quedó apolillando en el placard. Y nunca mas invité a mis ex suegros a comer ni un pancho al kiosco de la esquina.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Intimidades de Antaño II

Imaginate. Es una de las primeras veces que yo duermo en una cama que no es la de mi casa. Soy adolescente y estoy en mi primera relación importante.
Estoy acostada, leyendo un libro.

Entonces entra él, con una bandeja en la mano. Miro de reojo para ver que traía de comer. Pero no llego. Y cuando me estoy incoporando, la sorpresa: él -el macho de américa, el dandy, el seductor, el todo, mi todo- había colocado su miembro en la bandeja y se acercaba lentamente hacia mi.

Macho
La cena está servida

Me quedo sin palabras. Acto seguido cierro el libro, me levanto, me cambio, y salgo del departamento. Nunca más nos volvemos a ver. Pero es el día de hoy que todavía me pregunto: ¿Qué era lo que pretendía este tarado? ¿Alguna sugerencia?

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Concierto

Para los que vean en mi un ser absolutamente bruto e ignorante, los sorprendo diciendo que alguna vez fui una grn pianista. Estudié toda mi vida y tenía grandes cualidades. Pero claro, las grandes cualidades no servían de nada a la hora de tocar delante de alguien. Me ponía nerviosa, transpiraba, me temblaban las manos y sentía que de a poco me bajaba la presión. A pesar de esto, todas las veces que toqué en público salí airosa. Salvo una. Una sola vez bastó para que abandonara, de una y para siempre, mi incipiente carrera musical.

Subí al escenario, hacía mucho calor y tenía puesta una pollera muy elegantona. Apenas me senté en el taburete, supe que había algo que no andaba bien. Levanté la vista y los vi. El público. Me miraban en silencio, expectantes, jugando a que el programa era un abanico. Cerré los ojos y giré la cabeza. Miré a mi profesora, que me levantó las cejas dándome el ok para comenzar.

Las manos me temblaban como nunca, las piernas también. No encontraba los pedales y la partitura se estaba cayendo al piso. Empecé a tocar, temerosa, y El Choclo empezó a fluir. Demasiado tranquilo fluía, demasiado aburrido, demasiado vacío. Y en un momento, lo inevitable: me quedé en blanco. Pero blanco total, profundo, blanco Ala. Paré de tocar. Miré a mi profesora que me hacía señas para seguir, miré al público que estiraba el cogote para entender qué había pasado. Me puse a llorar. Mi profesora se acercó y me señaló en la partitura por dónde tenía que seguir. No pude. Me levanté, con el maquillaje corrido, y bajé por la parte delantera del escenario. Mientras bajaba la escalera la gente empezó a aplaudir. Nunca en mi vida sentí tanta vergüenza. Ellos aplaudían y yo lloraba. Al fondo del teatro me esperaba mi hermana. Me abrazó y salimos. La gente seguía aplaudiendo.

Esa fue la última vez que toqué el piano. Todavía me arrepiento.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Fakebook

Desde que me abrí una cuenta en facebook me hice adicta a mirar fotos ajenas, desesperada, enajenada, sólo para reírme de las atrocidades con las que me encuentro.

En especial me pasa con compañeros del secundario, que se te aparecen y te piden autorización y yo los autorizo sólo para ver cuán baqueteados están. Te dejan un mensajito que se revela falso como eso de que "M ahora es amigo de lachotadejara". Amigos las pelotas.

Y después voy, frotándome las manos, a sus perfiles, y husmeo con la peor maldad conocida todas y cada una de sus fotos. Me río, me burlo, se las paso a alguna amiga, nos reímos juntas. Me sorprende cuán feas se han vuelto las rameras con los años. Cosa de no creer.

Pero claro, Fakebook es como un boomerang que va y vuelve con más velocidad, con más violencia, y me llega un mail donde dice "lachotadejara te ha etiquetado en una foto". Y voy, la miro, y me quiero matar.

Quién me quita lo bailado. Los festines que me he dado en los últimos meses no se comparan con una foto mia con ocho o nueve kilitos de mas.

El peligro. Hoy me crucé con la foto de una ex compañera del secundario. Un primer plano de ella con su horrible maquillaje y su indumentaria de gato de bailanta que, junto a su novio, perpetúan una de las más desagradables imágenes que jamás vaya a ver: un beso con lengua al exterior.

Hoy voy a tener pesadillas. Te juro.

Update: le paso una de las fotos a mi amiga A. Y nos dimos cuenta: la chica es Faivel travestido. Imaginate.

domingo, 9 de noviembre de 2008

jueves, 6 de noviembre de 2008

Forrita

No man. Corte que ser sordo ya te habilita, de movida, a tener el asiento en el colectivo. Pero no, no podés, encima, colarte en la fila para subir. Ni da.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Conflictiva

Tengo una compañera nueva en el trabajo. Es una señora grandecita (como cuarenta y cinco) que tiene muy buena onda, buen humor y predisposición para repartir al mundo entero.
Pero.

Tiene un serio problema.

No reconoce que no sabe ni prender una computadora. Si no puede imprimir, es porque la impresora está desconfigurada. Si la máquina no prende, es porque el enchufe anda mal. Si no tiene internet, la empresa proovedora no le está dando servicio. Siempre el conflicto es de la impresora, del enchufe, de la otra empresa. Pero nunca, nunca jamás, ella tendrá la culpa.
Sin ir más lejor, ayer le grabé un dvd de una película que estamos terminando, y hoy a la mañana me lo devolvió acusando que no tenía sonido.

D
No anda el sonido. Tiene un conflicto porque
lo hiciste en Mac y yo tengo PC.

Una Ramera
¿Y qué tiene que ver?

D
Eso, que hay un conflicto

Una Ramera
No, no hay nada.

D
Sí que hay

Una Ramera
No, D. Lo que pasa es que vos sos inoperante

Puede que me haya ido un poco al carajo, pero lo solucioné con una carcajada. Le dije que había sido un chistecito. Por supuesto, no me creyó. Ahora voy a tener que invitarle el almuerzo. Y volver a grabarle el dvd. Y mañana escuchar, de nuevo, y como siempre, los conflictos que el mundo informático tiene con la pobre D. Dios mio. No puedo ser tan idiota.