lunes, 21 de diciembre de 2009

Un desafortunado chiste

Por un lado, seamos sinceros: tuve suerte. Un sábado a la noche me enteré que tenía que mudarme, y el martes siguiente conseguí departamento. Repetimos: tuve suerte.

Por otro, sigamos siendo sinceros: la alegría me pone boluda. Y cuando me pongo boluda, digo estupideces que me llevan por un camino terrible. Enseguida tomo confianza, y creo que todos tienen el mismo sentido del humor que yo. Que, naturalmente, saben que no hablo en serio, que digo pavadas y hago chistes de mal gusto y desubicados el 90% del día. Creo que todos manejan el mismo nivel lingüístico que yo. Me olvido que, con cierta gente, no hay que hacer chistes. Que no hay que ser inoportuna, que hay que tener un mínimo de seriedad. Hoy, cuando mi locador (a quien apenas conozco) me mandó el contrato, tuve un pico de boludez. Un pico casi inverosimil del que va a ser difícil volver. Un pico que, seguramente, tendrá consecuencias drásticas: tener que ir a vivir debajo de un puente o, lo que es peor, tener que volver a la casa de mis padres.

From: locador@simerompéseldeptotemato.com
To: ramera@soyunadesubicada.com

Te mando el contrato, leelo y decime si está ok.

From: ramera@soyunadesubicada.com
To: locador@simerompéseldeptotemato.com

Está perfecto. Cuando me das las llaves firmamos, rompemos una botella contra la pared para bautizarlo, destrozamos todo para festejar y quemamos las cortinas para implorarle al dios del fuego que me otorgue felicidad en tu departamento. Después hago un fiestón: estás invitado.

Nunca me respondió. Espero que haya comprendido que se trató de uno de los peores y desubicados chistes que hice en toda mi vida.

martes, 15 de diciembre de 2009

Cobarde

Hace alrededor de una hora, me subí al colectivo. Era ideal: estaba prácticamente vacío, no hacía mucho calor, no había gente olorosa ni sustancias desagradables en el piso (contrario a lo que me sucedió ayer: me subí al 55 y había algunos cuantos litros de salsa criolla esparcida por todo el vehículo). Saludé al chofer, saqué mi boleto y elegí el mejor lugar: del lado de los individuales, la cuarta fila. Me senté y miré por la ventanilla (tengo una pequeña tara mental que no me permite hacer algo, leer por ejemplo, mientras viajo en colectivo).

Pasados cinco minutos, el colectivo frenó y la gente subió. Se subieron algunos viejos, a quienes yo miré y nada mas. Quiero decir: había muchos lugares libres. Mas de la mitad del colectivo estaba vacío, incluso estaban libres los asientos reservados para ellos. Libres. No había nadie sentado. Entonces, repito, los miré y volví a concentrarme en lo mio. "Una mal educada", escucho. Pero no me hago cargo, naturalmente, y sigo en lo mio. "Sí, a vos te estoy hablando. Sos una mal educada". Y seguí sin hacerme cargo. "Ey, vos, la de pollerita rosa, vos sos una mal educada, ¿no ves que hay gente mayor?". Yo sabía que la de la pollerita rosa era yo, asi que la miré, levanté las cejas y con mi mejor cara de póker le pregunté si me hablaba a mi. "¿Y a quién le voy a hablar? Vos viste que se subió gente mayor, y te quedaste ahí sentada".

Pausa. Estoy cansada de pelear. Estoy agotada de hacerme mala sangre con la gente horrible con la que tengo que compartir el mundo. Estoy podrida de la intolerancia, mia y de los demás, y por todo eso, hace algunas semanas decidí dejar de ser tan mala onda con el mundo, y sonreirle un poco mas a la vida ("sonreirle a la vida": ustedes deberían darme una patada en el orto). Play.

"Pero señora", le respondí con tono amable y pollerita rosa que me hace parecer una niña inocente, "hay muchos asientos donde puede sentarse la gente mayor". Y la vieja chota inmunda con olor a naftalina me respondió "pendeja de mierda". Yo la miré con cara de buena. "No soy una pendeja de mierda, señora. El colectivo, aún ahora, con toda la gente mayor sentada, sigue vacío". "Vos deberías haberte parado igual. ¿No te enseñó a comportarte tu madre? Eso pasa, no les ponen límites y hacen cualquier cosa". Y ahí perdí la paciencia. Porque una cosa es sonreirle a la vida y otra es ser una pelotuda. Asi que le dije: "Vieja, no me rompás las pelotas" y lo acompañé con el gesto correspondiente. Me levanté del asiento, toqué timbre, me bajé, y la miré mientras el colectivo se alejaba.

La verdad es que no había llegado a mi parada, de hecho me faltaba mas de la mitad de camino, pero si ustedes hubieran visto la cara que puso la señora conchuda, esa cara de "rajá pendeja o te cago a carterazos", hubieran salido corriendo como yo, que en el fondo, además de quejosa y peleadora, soy una cobarde de la putísima madre.

domingo, 6 de diciembre de 2009

Gordito ruludo

Consecuencia del corte de suministro de Internet en la mansión Ramera, nos adentramos a uno de los lugares mas siniestros del barrio: el locutorio. Estoy sentada en una máquina que tiene el teclado pegajoso. A mi izquierda tengo un adolescente mirando videos de Cristina Aguilera y a mi derecha una escalera que supongo lleva a un escondite secreto, donde posiblemente se realicen apuestas ilegales, riñas de gallos, o a una dimensión paralela. Del segundo piso baja un señor con bermudas, medias y ojotas. Definitivamente esa escalera lleva a una dimensión desconocida, a un tiempo pasado en el que el buen gusto de la gente era de escaso, a nulo. El señor de medias y ojotas sube la escalera. Segundos mas tarde baja un gordito con rulos, remera de Korn y pantalón cargo. Se acerca a la caja y habla con el petiso que atiende, que minutos antes piropeó a una mujer diciendo: "Yo tengo la nariz tapada, pero tu perfume es tan fuerte que lo siento lo mismo". El gordito ruludo pasa por al lado mio. Tiene olor a chivo. Abre una puerta y desaparece. Hasta este momento yo no había reparado en la existencia de esa puerta. Me pregunto qué será. Dos o tres minutos después la puerta se abre. El gordito ruludo sale. Vuelve a la caja. Habla con el petiso. Pasa por al lado mio. Sube la escalera.

Treinta segundos mas tarde empezaré a sentir un olor penetrante y hediondo. Una baranda sofocantemente asquerosa. Un aroma pestilente, que ahoga, no deja respirar. Se meterá por mi nariz y llegará a la garganta. Parecerá que tragué el olor, que está dentro mio, que jamás de los jamases podré sacarme esta sensación de asco de encima. No necesitaré mucho para darme cuenta de dónde viene esa baranda. Esa puerta donde entró el gordito ruludo, es el baño. Saldré corriendo del lugar, revoleándole al petisito un billete de dos pesos, y diciéndole, indignada: "mas vale que tires desodorante porque se te va la clientela, eh". En el camino a mi casa, pensaré: "Qué gordito de mierda, ¿por qué no se irá a cagar a su casa?".

lunes, 30 de noviembre de 2009

De por qué no voy a salir nunca más. Parte II

"Buenísimo, el pibe perno me dijo que ese lugar estaba copado" le dije a mi amiga cuando me avisó que ese viernes teníamos una fiesta. "Aparte, que una vez la hayamos pasado como el orto, no significa que la pasemos mal en todos lados. Pongámosle onda, y seguro la pasamos de diez".

El galpón inolvidable
El lugar quedaba en pleno Palermo Soho. Era un galpón finito y largo reciclado a nuevo, y contenía todos los vicios del bar palermogólico: piso de cemento alisado, color rojo en las paredes, luz tenue, arañas colgando del techo, los baños señalizados con estrellas de cine de Hollywood, sillones de cuerina blancos y gastados, velas en todas las mesas, mucho anteojito cuadrado, mucha chica andrógina, mucho extranjero decorativo, y, por sobre todas las cosas, una buena cantidad de luces dicroicas en el techo. No habían pasado mas de quince minutos de nuestra llegada, pero ya estábamos de mal humor porque no encontrábamos al que nos había invitado a ese galpón con olor a humedad. Sin embargo nos reíamos, tomábamos nuestras cervezas, y nos preguntábamos a qué hora empezaría el cachengue. En eso estábamos, concentradas, cuando casi al unísono, mi amiga y yo decimos "¡Ouch!", y bajamos la cabeza. Se escuchan algunos vidrios rotos, y nos miramos, tratando de descubrir qué había pasado. Cuando miro al piso, entiendo todo: una de las dicroicas del techo cayó, rebotó en mi cabeza, y luego en la cabeza de mi amiga. Yo tengo algunos vidriecitos enredados en la melena, mi amiga no puede parar de reirse. Guardo el dispositivo lumínico por si quiero iniciar acciones legales.


"Se tiran de nariz"
Una hora mas tarde, y ya recuperadas de la contusión provocada por el dispositivo lumínico, bailamos algunos temas de los ´80, yo puteo porque me duelen los pies (cada vez que me pongo tacos digo: "esta es la última vez que me pongo tacos en mi vida"). Mi amiga está alcoholizada, y enojada porque un señor que se iba a encontrar con nosotras la dejó plantada por enésima vez en dos semanas. "¿Vos viste que se tiran de nariz?" me dice mi amiga, y yo la miro para que continúe la explicación porque no comprendo de qué carajo me está hablando. "Los pibes, los señores estos, en vez de acercarse con el cuerpo se acercan con la nariz" dice ella y yo sigo sin comprender. "Boluda, fijate, mirá, ahí viene uno, prestá atención". Entonces, presto atención. El sujeto se acerca, caminando, con un vaso de contenido dudoso en la mano, y mete la nariz entre nosotras. Y sólo con la nariz asomada, entre nosotras dos, comenta alguna gansada del estilo "La están pasando bien, ¿no?". Y después, recién después, coloca el resto del cuerpo en el medio nuestro, y sigue hablando. "¿Viste que tengo razón? ¡Los gomas se tiran de nariz!". Yo asiento, frente a la sabiduría de mi amiga, y el goma retira, primero el cuerpo, y por último la nariz. Seguimos bailando.

Han cantado Bingo
En medio del fervor festivo que nos rodea, veo algo extraño, me acerco a mi amiga y le digo al oído, mientras le giro el cuerpo "Han cantado ¡Bingo!" Mi amiga larga una carcajada feroz, y no es para menos: delante nuestro pasa un señor disfrazado de pantera de cotillón, incluso tenía unos bigotes pintados con delineador. Supongo que era un futuro casado en su despedida de soltero, porque al parecer la gente no sólo sigue empeñada en festejar ese ritual ancestral y sin sentido llamado casamiento, sino que además todavía practican la boludez esa, muy de Olmedo y Porcel, de disfrazar al futuro casado, llevarlo a pasear para que descontrole, empujándolo asi a perder el último restito de dignidad que le quedaba. Y cuando el futuro casado ve a mi amiga riendo, no tiene mejor idea que sacarla a bailar. Y como mi amiga estaba alcoholizada, acepta. Asi que bailaron un rock, que empezó como rock pero después se transformó en un cuarteto deforme, que fue coronado por el comentario de uno de los amigos del futuro casado hacia mi persona: "Es que el negrito este es un capo bailando salsa".

Lo pedís, no lo tenés
"Si ponen uno de Sergio Denis me subo a la mesa y lo bailo" le digo a mi amiga, sabiendo que la actitud de ir a pedirle un tema al DJ es algo ya obsoleto. Pero la muy hija de puta, la muy ebria, me dice "No me desafíes que voy". "No te animás" le contesto, olvidando que los seres humanos en estado de ebriedad perdemos, entre muchas otras cosas, la vergüenza. Asi que cuando la veo desaparecer entre la gente empiezo a rezar por dentro, a pedirle a Santa Gilda que no permita que pasen un tema de Sergio Denis. Y Gilda, Santa Gilda, me escucha. Mi amiga vuelve derrotada, y con cara de pocos amigos. "Me dijo que esa música, en este lugar, no se pasa. Y que le extraña que le esté pidiendo un tema de ese estilo. Careta de mierda. Vamos".

Violencia Rivas
Mi amiga agarra la cartera, se la cuelga al hombro, y yo le pregunto "¿Y mi saco?". Mi amiga me mira, tiene los ojos colorados y los dientes apretados. "¡Me afanaron el saco!". "¿Te afanaron el saco? ¿Estás segura?". "Y... estaba acá y ahora no está mas. En el piso tampoco, asi que sí, estoy segura, me afan...", no termino la frase que tengo que salir corriendo detrás de mi amiga, que camina erguida y llevándose por delante a todo lo que se le cruza por delante. Cuando la alcanzo, la veo desquiciada, gritándole barbaridades a un patovica. Escucho algunos fragmentos, algunas palabras sueltas, que me hacen temer por su salud, asi que me acerco, la agarro del brazo y la tironeo para que nos vayamos. Caminamos a la salida. Mi amiga sigue gritando, yo no puedo parar de reirme. De todas las cosa que dijo, recuerdo sólo algunas: "¡Manga de caretas! ¡Chorros! ¡Palermogócolicos! ¡Nunca vayan a Liniers que no duran ni dos minutos! Un lugar de mierda, la música una cagada, y encima te afanan". Y coronó, antes de subirnos al taxi, desde la vereda de enfrente, y mirando a todos los que hacían cola para entrar, con un delicado pero efectivo y significativo: "Vayan a bailar a Laferrere, putos".

miércoles, 25 de noviembre de 2009

¿El amor es ciego o no?

Perez: El otro día vi una enana con un señor muy alto. Caminaban de la mano
Hilton: ¿Y el señor qué era?
Perez: (risas) ¿Cómo "qué era"?
Hilton: Ay Perez, no es normal andar con una enana. ¿Que tenía él?
Perez: Nada, era un señor... no sé. Un señor enamorado.
Hilton: ...
Perez: Bueno, tal vez tenía algún defecto oculto.
Hilton: Como mínimo.
Perez: Pero puede pasar, mire si se enamora de un enano. ¡A mi me dijeron que el amor es ciego!
Hilton: Perez, por favor, déjese de joder, ¿usted se enamoraría de un enano?
Perez: A mi en época de sequía, hasta un gotero me viene bien.

viernes, 20 de noviembre de 2009

jueves, 19 de noviembre de 2009

Impulsos

Llegás a tu casa, del trabajo, cansada, y te ponés a hacer lo que mejor te sale: morsear frente a la computadora, mientras escuchás alguna música pedorra y tomás mates con bizcochitos. Mientras lo hacés, empezás a notar una molestia en tu cuerpo, y descubrís, con mucha pena, que la molestia se va si te desabrochás el pantalón. El pantalón, ese que te quedaba holgadito, el que usás cuando estás al límite de tu peso normal, ese que usás el domingo para ir a la casa de tus padres a comer como un cerdo, ese mismo pantalón, ahora te aprieta. Lo desabrochás y seguís en la tuya, casi te olvidás del tema, hasta que una voz, pongámosle que es tu super yo, la voz de tu conciencia, te dice: "Hija de puta, levantate y salí a hacer algo que los años no vienen solos, eh. Un día te vas a levantar y vas a tener el culo por las rodillas, en tu panza se va a formar la imagen de Buda, no seas boluda, levantate y salí a correr. ¡YA!" Y te asustás. Y te levantás.

Desempolvás el shortcito de correr, y chequeás que no esté apolillado, te ponés una remera viejita, y rogás que las zapatillas todavía te entren. Una vez que estás lista, te mirás en el espejo, y el solo hecho de haberte levantado, cambiado y atado el pelo, te da la sensación de que sos una deportista de la concha de la lora. Y que podés correrte una maratón ahora, ya, en este momento, decime dónde es la largada.

Salís, tranquila, y vas caminando al parque, porque "Los músculos tienen que calentar de a poco". Vas acelerando, sentís el aire llegando a tus pulmones, sentís los músculos poniéndose en movimiento, sentís un ruidito en la rodilla y decís "No es nada, no es nada, me falta un poquito de aceite nomás". Y seguís, canchera, hasta llegar al parque. Pensás en seguir caminando un poco mas, ver si hay mucha gente y mirar un ratito a los patos. Ves una chica, de tu edad, con una bolsa de plástico alrededor de la cintura, también caminando. "Al menos no estoy sola", pensás, y empezás a trotar, despacito, tranquila, porque sabés que dejaste de correr hace mucho tiempo y los músculos podrían estar atrofiados.

Corrés dos minutos por reloj, y sentís que en cualquier momento vas a tener que parar a vomitar los pulmones, las piernas te tiemblan un poco y tenés la boca reseca. Entonces ahí, cuando estás a punto de rendirte porque "esto no es para mi", lo ves: un viejo de sesenta, impecable, pasa por al lado tuyo, corriendo con un ritmo maravilloso, sus piernas se mueven a la perfección, no está colorado, ni transpirado, ni parece estar desarmándose en mil pedazos como vos, que corriste esos dos minutos de mierda y necesitás un pulmotor. Lo mirás y le decís con los ojos: "Ah, viejo de mierda, conmigo no, eh. ¡CONMIGO NO!"

Encontraste un objetivo. Sabés que ese es el conejito que deberías perseguir si fueras un perro de carrera. Respirás, profundo, hacés una cuenta regresiva mental, y te echás un pique. Lo único que tenés que hacer en este momento en concentrarte, pasar al viejo de mierda, derrotarlo, pisarlo como a una cucaracha. Y, claro, lo pasás. Y apenas lo pasás lo mirás de reojo como diciéndole "tomá, viejo choto" y en tu cabecita empieza a sonar la música de "Carrozas de fuego", y escuchás los aplausos, y rompés la cinta imaginaria que te declara ganadora, y te ves batiendo un champagne y abriéndolo, empapando de felicidad a todos esos que te miran y te adoran. Y estás tan pelotudizada con tu peliculita, que no te percatás de lo que tenés delante. Estás ciega, no lo ves, no lo presentís, no nada. Lo único que te importa en este momento es tu triunfo, entonces seguís, y cuando mirás al piso, cuando tu pie derecho ya está en el aire, recién ahí, ves el barro. Y lo pisás. Y te resbalás. Y te caés de culo. La gente te mira, algunos se rien, uno se acerca y te pregunta si estás bien y vos le decís "Sí, obvio, estoy bárbara". Te levantás, tenés embarradas las piernas, tenés que escupir los pulmones, estás toda colorada, te picaron varios mosquitos. Y la gente sigue riendo. Entonces te alejás, muerta de la vergüenza, te escondés un poco, te sentás en un banco, y decís, en voz alta: "Impulsos de mierda y la re putísima madre que los parió. En mi vida voy a volver a hacerles caso".

Y después nada... te quedás un rato ahí, criticando mentalmente a los viejos que andan en tetas, a las chicas que se ponen una bolsa en la cintura, a los señores que usan calcita, a los que están colorados y necesitan una ambulancia urgente, inventás historias de amor entre los patos que mirás, le sonreís a un perro, y te parás, volvés a tu casa, en el camino pensás qué vas a cenar, y cuando llegás, abrís el blog, y te ponés a escribir.

martes, 17 de noviembre de 2009

De por qué no voy a salir nunca más. Parte I

Mi amiga recién dejada estaba triste. Hacía mas de dos meses que no salíamos a tomar nada a ningún lugar que no fuera el patio de mi casa. Frente a su tristeza, tomé coraje, respiré profundo, y le dije: "Hoy salimos, y la rompemos".

12:20. Empezamos a emperifollarnos.

12:30. Ya estamos listas. Pertenecemos al selecto grupo de mujeres que tarda muy poco en arreglarse. Mi amiga dice "Mariana, parezco un gato asi maquillada". "Mejor, hoy salimos a matar". Sí, dije "matar" y además lo acompañé con el puño cerrado, en alto.

12: 35. Avenida del Libertador. Esperamos un taxi. Pasan autos con jóvenes apretujados dentro. No nos dicen nada.

12:50. Taxi 504 con olor a funda de tapizado sucia y transpirada.

01:10. Intentamos ingresar al establecimiento nocturno por la salida de emergencia. El patovica se burla de nosotras.

01:15. El lugar apesta. Soy la encargada de comprar bebidas. Me acerco a la barra. Gente amontonada, como ganado. Unos arriba de otros, se empujan, se cuelan, se gritan. La música, aturde. Algunas chicas no entienden que una vez que compraste, tenés que retirarte. "Circulandoooo" le digo a una que está acodada en la barra con cara de gato en celo. Se enoja.

01:30. Sigo haciendo la cola para comprar dos cervezas. Miro a mi amiga, que está cómodamente sentada atrás de toda la gente. "Tendrían que poner numeritos, como en la verdulería", grita. La gente la mira.

01:45. Después de media hora, salgo de la barra con mis dos cervezas. Buscamos un lugar donde instalarnos. Mi amiga dice "Ahí, mirá, en esa terraza no hay nadie", y enfila como loca, sin reparar en que hay una soguita que no permite el ingreso, y un patovica gigante que opera como puera blindada. Se traga la soguita, pero no llega a caerse. El patovica la mira. Mi amiga se retira. "Te dije que había un señor" le digo yo. Mi amiga me mira, mi chiste no le causa nada de gracia.

02:00. "Esto parece meo", le grito a mi amiga, porque con el nivel sobrehumano de la música ni siquiera se puede hablar. "Un asco". "Una mierda". "Todos viejos". "Y las minas en bolas". "Y esta calefacción me está dejando sin oxígeno". "Ese tipo es igual a mi tío". "Vinimos al lugar donde viene tu tío, qué joviales". "¿En tu casa hay algo para tomar?. "Tengo gin, pero no hay limón, y tengo una tónica que abrí hace un mes, no debe tener gas". "Vamos, no importa, ya, por favor".

02:10. Estamos en el taxi. El taxista insiste con que mi calle es la primera después de las vías. "No". "Sí". "No". "Sí". Todo el camino. "No". "Sí". "No". "Sí".

02:30. "¿Vio? Yo tenía razón". "Más o menos, eh". Me bajo y le convierto la puerta en una giratoria.

04:00. Completamente ebrias, cantamos en el patio de mi casa "Cálido y frío" de Franco de Vita. "Yo te agradezco que hayas querido sacarme para que me alegrara, pero dejá, la próxima me corto las venas con una galletita de agua, no te molestes".

viernes, 13 de noviembre de 2009

Depresión II

Demoré cinco segundos, eternos, en esbozar una primera palabra. Pensé qué decir para no quedar como el ojete, pensé, también, en largarme a llorar y aceptar que soy una perdedora, pensé en salir corriendo total ya estaba perdida, pensé en reirme como si estuviera demente, pensé en la mala suerte que me persigue y se empeña en arruinarme la vida, pensé en ponerle de sombrero la canastita del super a la mina. En cambio, dije:

"Todo bárbaro, a full, estoy pintando mi casa y por eso estoy asi vestida. No crean que yo salgo así a la calle, eso jamás. Lo que pasa es que me agarraron ganas de comer unos sanguchitos, y me vine asi como estaba, sino tenía que bañarme, peinarme, cambiarme, al pedo, total no me iba a encontrar con nadie, pero no se preocupen, no salgo asi siempre. Aparte todavía no terminé allá, y si me bañaba, me cambiaba, me peinaba y etcéteras, cuando volvía iba a tener que ensuciarme toda de nuevo, y volver a bañarme, y peinarme y cambiarme, y no daba. Asi que me vine asi, qué se yo. Tampoco es tan grave, a veces uno sale medio mal vestido a la calle, no es para tanto. Quién no tiene una joggineta destinada las labores del hogar. Aparte, miren, yo me pongo esta ropa y me siento mas obrera y siento que las tareas del hogar me salen bien. Como que me transformo verdaderamente en un pintor, y el pincel se desliza mejor. Igual ya estoy terminando, me queda re poquito. Miren (mientras señalaba un gotón fucsia en el buzo): éste es el color del living, fucsia, bien de mina, tengo que aprovechar, ahora que vivo sola, y darme todos los gustos decorativos que nunca pude darme. Aparte, vos sabés cómo es el señor que vivía conmigo, muy caprichoso y acuariano, para él lo que él decía era siempre lo mejor y había que hacer eso que él decía, y a mi me daba por las pelotas, pero aceptaba, porque en una pareja es fundamental la negociación. Ojo, tampoco es que era una dominada, nada que ver. De hecho todas las plantas del patio las elegí yo sola, a él nunca le gustaron, porque viste que él es como mas fashion, quería poner sólo yuyos y espigas, y yo quería flores, colores, a mi las espigas me dan mala onda, me deprimen, me parecen snobs y palermogólicas, no me gustan, ni me parecen decorativas, ni nada. Asi que eso, a full, muy contenta con mi nueva vida, terminando de arreglar la casa, pero feliz, muy feliz. ¿Y ustedes?"

Naturalmente, la pareja me miraba con los ojos llenos de lástima. Era mas que evidente que estaba hablando mi depresión y no yo. Era evidente que estaba tratando de disfrazar mi tristeza con frases inconexas y sin sentido. Y como ellos no respondían, como pasaba el tiempo y no me decían nada de nada de nada, yo me quebré. Y me largué a llorar.

La mina
Bueno, ya está, no te preocupes...
ya va a pasar

El tipo
Epa, ¿qué pasa?

M
No, no se preocupen, estoy bien.
Es la alergia.

"Es la alergia", dije. Qué pelotuda. Ya estaba entregada, ya había jugado el papel de loca superada y ya había dado lástima lárgandome a llorar. Qué otra cosa podía hacer. Me quedaban dos opciones: salir corriendo, o reirme. Y como no soy buena en los deportes, me reí. Primero un poquito, después un poco mas.

M
Ya se me va a pasar.
No es tan grave.
Días de mierda tenemos todos.

La mina
Obvio que se te va a pasar.
¿Sabés la cantidad de veces que me pasó a mi?

El tipo (mirando a su mujer)
¿Vos saliste asi a la calle?

M (mirando al tipo)
Bueno, che, tampoco es para tanto.

El tipo (mirándome a mi)
Y... ¿vos te viste al espejo?

M (mirando mi outfit)
Es terrible, ¿no?

La mina
Todas pasamos por eso.

El tipo
Terrible es poco.

Y me volví a reir. Dejé la canastita, no compré galletitas chocolatosas ni compré madalenas rellenas de dulce de leche. Los saludé con un beso, y les dije que me alegraba verlos, que se los veía muy bien juntos. Y caminé, despacio, hacia la salida del super. De fondo escuché al tipo diciéndole a su mujer "¿Pero de verdad vos saliste asi vestida a la calle?", y ella que le respondía "Pero obvio boludo, todas las mujeres caemos en eso alguna vez. Aparte yo la entiendo, cuando yo me separé del señor que vivía con ella, fui a la casa a tirarle piedras a la ventana, y se la hice mierda (risas). Esta chica está perfecta".

Volví a casa riéndome, y aproveché. Ya que estaba vestida de "Cacho, el pintor", me puse un disco de Gilda, y terminé de pintar los marcos de la puerta de casa. Mientras tanto, bailé.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Depresión I

La semana pasada tuve algunos días de depresión extrema: me sentía sola, desdichada, fea, miserable, inútil, estúpida, lloraba por cualquier cosa (cuando me hablaba el kiosquero, cuando descubrí que se había roto la luz de la cocina y, créase o no, cuando escuché un chiste en una sitcom de los ´80), andaba como un trapito de piso usado y desvencijado, era la sombra (una sombra muy venida a menos) de lo que siempre fui. Durante esos días lo único que me mantenía viva era contar las horas que me faltaban para llegar a casa, ponerme un jogging y la peor remera y hundirme en el sillón a llorar por mi apestosa vida.

El miércoles, cuando llegué a casa, hice el ritual tan esperado: me enrodeté el pelo, me puse el jogging gris que está estirado en las rodillas, una remera que dice "Villa Carlos Paz 1990", calcé las ojotas naranjas, y fui a la alacena a buscar alimentos chocolatosos y engordantes que me recordaran que, a pesar de todo, siempre nos quedará la deliciosa comida. El horror. Los paquetes de galletitas Melba habían desaparecido por arte de magia, las madalenas rellenas con dulce de leche se habían evaporado, y un tarro con galletitas de agua me miraba, expectante, sintiendo que era su oportunidad de lucirse. Pobre tarro, me miraba con esos ojos llenos de esperanza que tienen los chicos gorditos que en la primaria son elegidos últimos en la formación del equipo de fútbol. Le pedí perdón mentalmente, le dije que otro día sí, que si quiere puede acompañarme la próxima vez que coma arroz con atún, pero ahora no, no podía estar tan deprimida y encima ponerme a comer galletitas de agua. De eso a la muerte hay un cuarto de paso.

Decidí salir al supermercado. Cuando estaba llegando a la puerta de entrada, me vi en el espejo. No había manera de que yo saliera asi a la calle. Asi que entré, y me puse un bucito azul, deportivo, que me queda medio corto de mangas y que además está un poco manchado con la pintura fucsia que usé en el living. "Ahora sí", me dije, confundiendo todos los parámetros que separan el buen gusto de la ridiculez, la moda de lo bochornoso, la vida con la muerte. Y salí.

Mientras caminaba saludé al kiosquero (que se llama como el señor que vivía conmigo, es una linda manera de tenerlo siempre presente), al peluquero (un señor divino que siempre me dice que tengo el pelo lindo, pero esa vez esbozó un sencillo "Hola") y al chino del super (un gordo gigante que se la pasa diciéndome "Señora"). Entré al establecimiento, y mientras agarraba una de las canastitas que sería colmada de basura comestible, los vi: a escasos diez metros, la pareja mas perfecta del universo se aparecía ante mi, un ser en joggineta, buzo corto, rodete y ojotas naranjas. Él agarraba dos latas de arvejas y hacía malabares, ella se reía, él dejaba las latas y le daba un beso. Se abrazaban, sonreían. Eran lindos. De esas parejas que dan envidia. De esas parejas que uno sabe que nunca tendrá. Me quedé parada mirándolos, odiándolos, sintiendo ganas de revolearles un par de latas de tomates, partirles un sachet de leche en la cabeza, batir una Doble Cola y bañarlos hasta que queden pegoteados. Y mientras yo pensaba en estas cosas, mientras descargaba una furia demencial de manera imaginaria, mientras armaba trincheras mentales, mientras libraba una guerra contra el amor, la veo. Ella se acercaba a mi, lentamente, y yo sentía las lágrimas que lentamente iban inundando mis ojos, y no pude moverme, no pude correr por mi vida, no pude, porque no tuve tiempo.

La mina: Hola M, ¿Cómo andás tanto tiempo?
El tipo: Hola M, ¿Cómo va?

Frente a mi, o a lo que quedaba de mi, a esa sombra venida a menos de lo que alguna vez fui, en el super chino de la esquina de mi casa, se me aparecían ellos: la ex de mi ex y su marido.

Continuará...

lunes, 9 de noviembre de 2009

La bata y la linterna

Teníamos catorce años y las hormonas en ebullición. Estábamos de vacaciones en Chapadmalal, éramos mi amiga, sus padres, el abuelo paterno, y yo. Compartíamos un pequeño bungalow en un complejo que era como un country del subdesarrollo: tenía una pileta de natación con considerable olor a meo, salón de usos múltiples donde se organizaban bingos familiares y cancha de paddle. Poco nos importaban esos detalles, porque nuestras actividades alternaban entre tomar sol en los peores horarios posibles y mirar chicos quinceañeros que también tenían las hormonas alborotadas. Y mal no nos estaba yendo: para el segundo día ya teníamos un pretendiente cada una, de los mas populares del complejo. Ese miércoles nos invitaron a pasear por los "bosques" a la noche, querían armar una fogata y, por supuesto, "tranzar" con nosotras. Y allí fuimos.

Estábamos cada una semi enredada con el pretendiente correspondiente, cuando abro los ojos y veo a la madre de mi amiga, en bata, con una linterna en la mano, alumbrándonos. Se quedó ahí parada, esperando que su hija se de cuenta finalmente de su presencia, pero mi amiga estaba tan concentrada en otra cosa que ni siquiera la presencia de un extraterrestre le hubiera llamado la atención. Me acerqué, le toqué el hombro una vez, ella hizo un ademán para sacarme de encima, volví a tocarla, volvió a intentar sacarme de encima, hasta que le dije al oído: "Tu vieja, en bata, con linterna, atrás nuestro". Y ahí, cuando su hija se desenredó del pretendiente, la madre se acercó a nosotras y dijo con voz firme: "Es un poquito tarde para que estén acá, vayan YA a la cabaña, y olvídense de los paseos nocturnos".

Al día siguiente no queríamos salir de la habitación, suficiente quemo habíamos sufrido la noche anterior como para que en la pileta todos se burlaran de nosotras. Pero el día estaba precioso, y teníamos que mantener el bronceado giordanesco que habíamos obtenido, asi que armamos el bolsito, y fuimos a la pile. Nos sorprendimos cuando nuestros pretendientes se acercaron a nosotras como si nada hubiera ocurrido la noche anterior, y nos invitaron nuevamente a enredarnos, esta vez en la playa.

Llegada la noche, teníamos miedo. Ya habíamos sido incendiadas y perdonadas una vez, pero no creíamos que dos veces nuestros pretendientes soportaran una señora en bata alumbrándolos en medio de la noche. Asi que tomamos medidas drásticas. Cuando todos se durmieron, nos levantamos de la cama sigilosamente, agarramos las llaves de la cabaña, dejamos encerrada a toda la familia y nos fuimos a darle rienda suelta a nuestras hormonas enloquecidas. En medio del disfrute, cuando menos lo esperábamos, la bata y la linterna dijeron presente: habían salido por la ventana del bungalow. Al día siguiente, no salimos de la habitación. Al otro, tampoco.

Guarda conmigo, eh

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jueves, 5 de noviembre de 2009

El mundo seguirá siendo una mierda...

mientras los futuros calvos no acepten que se están quedando pelados y dejen de usar esos ridículos peinados paliativos: la famosa colita; o el mechón inmundo que nace del lado derecho, y es acomodado adrede por toda la cabeza (como un turbante de cabotaje), terminando su recorrido del lado izquierdo.

lunes, 2 de noviembre de 2009

Problemitas

Hace algunas semanas me junté con una amiga y en el medio de una conversación pedorra, llegamos a la conclusión de que estábamos teniendo muchos problemitas: mendigamos cariño, pedimos caricias como si fuera nuestro combustible espiritual (?) y rogamos que nos repitan "te quiero" como si cada uno de ellos tuviera una fecha de vencimiento y hubiera que renovarlos periódicamente. Consuelo de tontas: luego de una pequeña encuesta, entendimos que no éramos sólo nosotras las mendigas del amor, sino que somos una generación de abandonadas ficticias. Desde ese día busqué señales que me ayudaran a comprender en qué momento nos habíamos jodido tanto las mujeres, pero aunque hice fuerza y afiné el ojo, no pude encontrar explicación alguna.

Pero casi como una epifanía, la respuesta me llegó hace un ratito en medio de un random de mi reproductor de música, y yo sentí que finalmente tenía alguien a quién culpar por ser tan soberanamente pelotudas. Si alguno de ustedes se preguntaba lo mismo que nosotras, si alguno quiso saber por qué las jóvenes de veintitantos tenemos tantos problemitas, he aquí la respuesta: crecimos mirando Chiquititas, y escuchando temas como los que pongo a continuación. Es menester prestar atención a los estribillos y comprender, de una buena vez, que este programa arruinó nuestra existencia. Hay que ser hijo de puta para escribir estas letras, ponerles una musiquita y metérselas en la cabeza a inocentes niñas. Me la juego que fue una mujer.

1. No me digas mentiritas porque duelen
Yo ya sé que estoy solita, no me quieren
Mis papás se fueron lejos, se olvidaron que nací
Me dejaron sin caricias como a ti


2. Tengo el corazón con agujeritos
Y no me lo puedo curar
Se me está muriendo de a poquito
Con cada dolor, se muere mas

Si a los once años escuchábamos esto, lo reproducíamos en los recreos del colegio, bailábamos la coreo en los cumpleaños infantiles y jugábamos a ser huerfanitas de padres, era lógico que esas palabras se tatuaran en nuestro inconciente y, era una cuestión de tiempo que ese sentimiento de abandono melodramático se trasladara a todas las esferas de nuestra vida, era cuestión de tiempo que nos sintiéramos desdichadas el 99% de nuestra vida, era cuestión de tiempo que nos convirtiéramos en estos seres infumables, en estas mendigas de cariño, en estas abandonadas ficticias, en estas hinchapelotas irremediables.




domingo, 1 de noviembre de 2009

Querida Marta

Si estuviste todo el día de hoy preguntándote por qué tu querida amiga no te llamó para encontrarse con vos, quiero que sepas que la muy infradotada anotó mal tu número telefónico y me llamó a mi dieciocho veces. Y aunque le dije "pelotuda", "burra", "idiota mental", y la atendí diciendo "Buenas tardes, banco de semen, a su servicio", "Policía Federal buenas tardes" y "Fábrica de tangas, buenos días", la imbecil sigue llamando.

jueves, 29 de octubre de 2009

La venganza será terrible

Hace algunos minutos, ni más ni menos, corrí por el pasillo de la productora, entré rapidito a la oficina de mi asistente, no pude frenar, y me caí de culo delante de él.

Todavía se ríe.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Ramera

Cuando era chica no existían los teléfonos celulares, no había internet, y en mi barrio pocas personas tenían teléfono fijo. Por esa época, para mi madre era mas que difícil coordinar visitas a la casa de sus amigas, asi que nuestra única posibilidad era lanzarnos a la aventura, tomando varios colectivos para llegar a la casa de alguien y rogar que la suerte haya estado de nuestro lado y que el visitado se encuentre allí. Mas de la mitad de las veces, la suerte nos abandonaba. Y era en ese momento cuando mi madre implementaba el único método que había encontrado para que sus amigos supieran que había pasado por ahí: colocaba en la reja una rama arrancada de algún árbol de la cuadra. Con el correr de los años adopté esa costumbre, aunque con la aparición de los celulares y el mail la fui dejando olvidada, reemplazándola por mails de "Hoy a la tarde paso por tu casa" o mensajes de texto que rezan "Necesito que me escuches porque tengo que contarte demasiadas cosas sobre mi nuevo chongo".

Hace un rato, Viejex me envía un mail, que decía:

Origen de la palabra Ramera:
Hacia fines de la Edad Media, era costumbre en España colgar un ramo en la puerta de las tabernas para indicar que no se trataba de viviendas particulares y llamar de esta manera la atención de los clientes (v. cliente).
Las prostitutas, así como hoy ocultan sus negocios haciéndolos pasar por casas de masajes, en aquella época los disimulaban colgando en su puertas un ramo, como si se tratara de tabernas. Por esa razón, las comadres empezaron a llamarlas rameras, una palabra que les sonaba más púdica que prostituta. Este vocablo aparece registrado por primera vez en español a finales del siglo XV, como, por ejemplo, en La Celestina (1499), de Fernando de Rojas: "Esta mujer es marcada ramera, según tú me dijiste, cuanto con ella te pasó has de creer que no carece de engaño. Sus ofrecimientos fueron falsos y no sé yo a qué fin."·

Y entonces recuerdo a mi madre, colocando una rama enredada en una reja, veinte años atrás, y me pregunto si ella sabrá qué significaba esa rama en la Edad Media, y planifico volver a implementar ese método, olvidarme del celular y del mail, marcar cada una de las casas de mis amigas, con una ramita, que pueda interpretarse como "Aquí vive una Ramera" o "Por aquí pasé yo, M, una Ramera".

Estén preparados, se viene la revolución ramera, y la voy a encabezar yo. Voy a empezar por la casa de amigas, y luego ramerearé hogares de desconocidas, las contagiaré a todas, y ya no habrá vuelta atrás. Y cuando la invasión de la palabra "petiso" los deje sin respiración, no vengan a quejarse. Yo avisé.

domingo, 25 de octubre de 2009

jueves, 22 de octubre de 2009

Sarcasmo

Le dejo a mi asistente, que ya se fue porque le dije "hoy trabajaste mucho asi que merecés irte diez minutos antes", una notita en su escritorio con una lista de tareas que tiene que hacer mañana. Todas las tareas que le encargo son las que no me gustan a mi porque me conducen al suicidio, o porque me dan fiaca o me resultan soporíferas.

Termino la notita con un delicado pero jolgorioso "Feliz viernes".

lunes, 19 de octubre de 2009

Ya lo superé

No es ninguna novedad que los seres humanos nos pelotudizamos al extremo cuando estamos enamorados, y eso nos lleva a realizar inverosímiles y degradantes acciones, que en cualquier otro momento de nuestra vida nos hubieran parecido aterradoras, increíbles, y, por sobre todas las cosas, impensadas. Yo, por ejemplo, cuando salí con Camioncito, fui a un videoclub familiar y pedí en voz baja al señor del mostrador que me diera la película número 1050. Y el señor del mostrador, jodido como pocos, se alejó, agarró el VHS (estamos hablando de la prehistoria, claro) y volvió gritando: "¿Esta es? ¿"Infierno anal 5" te llevás?".

Tengo una amiga que salió varios años con un tipo casado. No sólo salió con él, sino que se enamoró de él, y eso la llevó a realizar acciones que yo miraba y no entendía. Como amiga una tiene que estar, apoyar, escuchar y no mucho más. La decisión de ella era seguir con ese tipo, y mi tarea era consolarla cada vez que el tipo la dejara plantada o le recordara que nunca, jamás, por nada del mundo, iba a dejar a su mujer.

Mi amiga se desvivió. Viajó a cualquier hora, por mas de hora y media, para verlo quince minutos, le compró regalos, escuchó los planes del tipo de tener hijos con su mujer y le cumplió las mas oscuras fantasías sexuales. Sin embargo, había un solo detalle, que mi amiga (amante de la caballerosidad) no comprendía del todo: el tipo nunca pagaba nada. Era ella la que desembolsaba tarjeta de crédito, billetes de 100, para pagar un café, los forros, el telo, o el vaso de whisky importado que él necesitaba para relajarse y poder seguir garchando como conejito en celo. A pesar de eso, la "relación" duró mas de lo esperable, hasta que la mujer de él se enteró, y todo el imperio se derrumbó en un abrir y cerrar de ojos.

Con el tiempo mi amiga lo superó. Con frecuencia recordamos todo el periplo y nos reímos, yo le digo que cómo pudo haberse sometido a eso, y ella repite "Estaba enamorada". Hace algunos meses, el tipo reapareció. Le mandó un mail, le preguntó en qué andaba, la invitó a tomar un café. Y ella, por supuesto, aceptó. Ahí fue cuando terminé de comprender que el 90% de las veces que decimos "Ya lo superé", estamos mintiendo.

Cuando lo vio se desencantó: el tipo estaba gordo, con la ropa sucia, y la esperaba frente a un local de comidas, mirando cada una de las tartas que estaban en exposición andá a saber desde cuándo como si fuera a comerlas con la mirada. Estaba ojeroso, el pelo canoso, y tenía un leve olor a chivo. Tomaron una cerveza, él hablaba de lo miserable que era su vida, ella pensaba en cualquier otra cosa. Él contaba de sus dos hijos recién nacidos, ella pensaba en que pronto se va a mudar a un departamento buenísimo. Y así pasaron algunas horas, hasta que el tipo deslizó un sutil "¿Vamos a un telo?". Y mi amiga, perdido por perdido, dijo que sí.

El tipo llamó al mozo, y le pidió la cuenta. Ella no atinó a realizar algún movimiento que indicara que iba a pagar una vez mas. Entonces él la miró, y le dijo: "¿No me ayudás con algo de plata que estoy seco?". Mi amiga chequeó la cuenta, eran $25. Sacó de su billetera un billete de $20, y uno de $10, y se los extendió. Él se levantó rápido de la mesa, fue a la barra, y pagó ahí. Cuando volvía a la mesa, mi amiga vio cómo se guardaba el vuelto en el bolsillo. El tipo llegó a la mesa, agarró su mochila y le dijo "¿Vamos?". Mi amiga no entendía.

Amiga
El vueltito.

El tipo
¿Cómo?

Amiga
Que te estás quedando con mi vueltito.

El tipo
¿Que vueltito?

Amiga
El de la cerveza, pelotudo.

El tipo
...

Amiga
¿Sabés qué?
Mejor me voy a mi casa.
Quedate con el vueltito, capaz conseguís que
un trava te haga un pete.

Y se fue. Salió a la calle, sonrió, se paró derecha, y caminó hacia la parada de colectivo. A veces, para superar un gran amor, lo que necesitamos es una cachetada de la mas cruda realidad. Un detalle que nos permita salir de la idealización de ese tipo que, aunque sabemos que es un jodido, un cínico o un hijo de puta, siempre colocamos en un pedestal. Y recién ahí, cuando lo terrenal supere a lo divino, cuando el tipo diga una palabra de mas o una de menos que haga un "click" en nuestra cabeza, cuando por un pequeño detalle como un billete de $5 se produzca en nuestra existencia la epifanía mas grande de todos los tiempos, recién ahí, podremos decir "Ya lo superé", y saber que estamos diciendo la verdad.

jueves, 15 de octubre de 2009

Una señora charleta

Pareciera que a medida que uno crece va adquiriendo ciertas costumbres odiosas, que llegan a su pico en la vejez. Una de ellas, la que me pone los pelos de punta, es hablar con cualquiera en la cola del banco. Por eso mismo, y porque pese a todo yo en la vida cotidiana soy una persona ubicada, es que en las colas de los bancos me la paso mirando al piso con tal de esquivar la mirada del geronte que tengo delante. Los gerontes charletas de la cola tienen un método: suspiran una o dos veces, luego empiezan a bufar, estiran el cogote mirando cuánta gente tienen delante, lanzan alguna consideración al aire que siempre incluye un fastidioso "así estamos" y por último empiezan a buscar con la mirada algún cómplice. Es aquí donde hay que tener mucho cuidado. Ni bien sus ojos se cruzan con los tuyos, estás atrapado. Y eso, lamentablemente, fue lo que me ocurrió ayer por la mañana.

Señora charleta: Esto es tremendo.

M: Ajá.

Señora charleta: Porque así estamos. Yo soy una señora mayor, no puedo andar perdiendo el tiempo así.

M: Ajá.

Señora charleta: Se creen que uno tiene el día libre. Si supieran...

M: ¿Si supieran qué?

Señora charleta: Todo lo que una tiene que hacer.

M: Ajá.

Señora charleta: Sos un poquito maleducada. Te estoy hablando y mirás al piso.

M: Perdón. Me decía que tiene mucho que hacer. Cuénteme, por favor. Muero por saber.

Señora charleta: ...

Mientras la señora charleta trataba de hacer un inventario mental de las estupideces que tendría que hacer en el día, una de las cajeras sale de su puesto y desaparece tras una puerta.

Señora charleta: ¿Ves? Ahora se mete ahí y no sale mas. NO SALE MAS.

M: Tal vez fue al baño.

Señora charleta: ¿Pero vos trabajás acá que la defendés?

La cajera vuelve a aparecer, y camina hacia donde la vieja charleta y yo mantenemos esta cordial conversación. Cuando está al lado nuestro, la señora charleta la agarra del brazo.

Señora charleta: Escuchame una cosita querida. Hace diez minutos que estoy haciendo la cola. ¿Por qué no habilitan otra caja?

Cajera: Voy a buscar una carpeta allá y vuelvo a la caja señora. No se preocupe.

Señora charleta: Esto es cualquier cosa. Yo no puedo creer. Este país está lleno de vagos. Nosotros acá, perdiendo el tiempo, y vos yéndote.

Cajera: Ya vuelvo a la caja señora, no se preocupe.

Señora charleta: Claro, primero se fue a tomar un cafecito, ahora a llevar la carpeta, por qué no se va también a pasear al perro.

Cajera: Señora, no sea irrespetuosa. Aparte, ¿de qué cafecito me habla?

Señora charleta: No se haga la tonta. Yo vi que recién salió por ahí.

Cajera: Fui al baño, señora. Tengo derecho de ir al baño.

Señora charleta: Se hubiera aguantado.

Cajera: Tengo cagadera señora. ¿Hubiera preferido que la atendiera con olor a mierda encima?

Y ahí, mientras la señora charleta se retiraba ofendida del establecimiento, yo largué una carcajada feroz, y tuve unas ganas tremendas de abrazar a la cajera.

jueves, 8 de octubre de 2009

Not Important People

O naciste para los eventos, o no. No hay término medio. O sos una diosa que se roba todas las miradas, o sos una pichi que se queda sin entrada aún habiendo sido invitada. O te sacan fotos los paparazzis porque aunque no seas famosa estás buena, o te piden que les traigas la cuenta del café. No hace falta aclarar en qué grupo estoy, ¿no?

Hace algunos días me llama una amiga y me invita a la función de prensa de un musical para el que trabajó. Me pasa a buscar por casa, y me maquilla. Yo no sé maquillarme, y cada vez que la veo con el delineador en la mano siento como si un león estuviera a punto de atacarme, y le ruego: "Por favor amiga, poquito, que no se note". Y siempre, indefectiblemente, sin ningún tipo de margen de error, cuando me miro al espejo toda maquillada, no me reconozco. Y no tengo desmaquillante.

Cuando llegamos, había gente famosa, gente medianamente famosa, cholulos que se sacaban fotos con todos y noteros con cara de aburrimiento. No intenté hacer una entrada triunfal, porque ya sabemos que apesto en esos momentos, asi que me quedé apartada. Viene el productor, mi amiga me lo presenta, y él, natural, como si estuviera diciendo alguna pelotudez, con su voz de productor berreta, pero fuerte, grita: "Ah no, no hay entrada para las dos. Una se tiene que quedar afuera". "No es necesario gritar", le digo yo, colorada, a lo que el muy animal de granja responde: "Es que vos no sos nadie, no estás en la lista de invitados, acá hay gente importante, si querés quedate acá y si sobra un lugar, te hago pasar. De última podés mirar la obra de parada". "Me estás cargando, ¿no?" le dijo mi amiga, porque yo ya tenía los ojos llenos de lágrimas (estoy muy sensible últimamente). El productor berreta inmundo y desubicado negó con la cabeza, y sonrió.

Nos retiramos. En silencio. Yo me sentí desdichada, mi amiga se reía y puteaba casi a los gritos. Con el primer pedacito de queso y el primer trago de cerveza, se me pasó el malestar.

martes, 6 de octubre de 2009

Empacada

La señora estaba delante mio en la cola del colectivo. Cuando se subió, noté que tenía dificultades para caminar, y sentí pena por ella. Cuando finalmente pudo terminar de subir, se paró delante de la máquina expendedora, sacó un billete de $2 de un monedero marrón, y le dijo al colectivero "Dame cambio". El colectivero, amable pero con poca paciencia, le contestó "No señora, yo no tengo cambio para darle". Detrás mio, la cola era cada vez mas larga. "Si yo le pido cambio, usted tiene que darme cambio". "No señora, yo no tengo que darle nada a usted". Yo no estaba de muy buen humor, naturalmente, pero una ráfaga de bondad pasajera me impulsó a intervenir.

M: Yo tengo cambio señora, espere que le doy.

Señora: De ninguna manera, señora. El colectivero tiene que darme cambio.

M (me acaba de decir señora, debería romperle la cabeza con la máquina, viejachota y laputaqueteparió): Pero yo tengo, no me molesta darle, pasa que se está juntando gente, y nos queremos ir, señora.

Señora: A mi no me importa. Hasta el el colectivero no me de cambio yo de acá no me muevo.

Colectivero: Señora, córrase de ahí, por favor.

Señora: ¡Tengo que ir al médico señor! Deme cambio asi le pago. Sino, no me muevo.

Colectivero: No le voy a dar un carajo, señora.

M: Yo sí le doy, de verdad (mientras hurgaba en mi bolso), acá tengo, mire, agarre.

Señora: No. De acá no me muevo.

Y se quedó ahí nomás, parada, la señora, mientras los demás la esquivábamos y sacábamos boleto.

domingo, 4 de octubre de 2009

Chicos, un favor

Si alguno sabe quién fue el reverendo hijo de puta al que se le ocurrieron las publicidades de un conocido festival de música, esas que son del estilo "El paso del leproso que a cada salto se va desmembrando un poco más ya es furor en Lugano I y II", por favor avísenme. Tengo algunas cuentas que arreglar con ese sujeto, y todas involucran volarle los sesos con un calibre 38.

Se agradece la difusión.

jueves, 1 de octubre de 2009

A la hoguera

M: Ok. acabo de utilizar la palabra "churro" en referencia a un señor.
Perro: Sos tu abuela. Con eso y el té de boldo, ya te mando para el geriátrico.
Yo: Ay boludo, soy RE adicta al té de boldo. Qué desastre. Me falta comprar un gato y ya puedo morir.
Perro: Y andar en "batón" todo el día.
Yo: Bueno, ahí merezco la hoguera.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Un burrito, el caballito

"Me da una bronca tremenda cuando la gente dice andé en caballo. No se dice andé en caballo. Está mal dicho. Se dice andé a caballo. ¿Cómo van a decir andé en caballo? A caballo, andé a caballo. Mirá que hay gente bruta. Andé en caballo, por favor..."

Un jefe, ante mi mirada atónita.

El regreso de la colgada

"Cuando todavía era muy chica, mi tía viajó a Japón, y cuando volvió me trajo de regalo una Kodak Instamatic con estuche de cuero. Creo que ese fue el principio.
El regalo vino con dos rollos que se acabaron enseguida, pero no me di por enterada y seguí durante mucho tiempo sacando fotos por el gusto de hacer click".

viernes, 25 de septiembre de 2009

Caída

Esta semana trabajé tanto, que cada vez que tuve un ratito libre, me dormí unas lindas y reparadoras siestas. Ayer me subí al colectivo a las nueve y media de la noche, había pocos asientos libres. Elegí uno del medio, de los que son de a dos, lado pasillo. Apenas apoyé la cabeza, me fui a jugar al mundo de los sueños. Pero no pude disfrutar demasiado, porque apenas diez cuadras mas tarde, me desperté, cayéndome al piso, mientras el colectivo doblaba. La vergüenza que me dio fue tanta, que me levanté rapidito, toqué el timbre y bajé. De fondo se escuchaban todavía los ecos de las carcajadas de mis compañeros viajantes.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

La última cena

Llegué a casa a las dos y media de la mañana, después de trabajar dieciseis horas nonstop. En la mano tenía una bolsita de la estación de servicio, donde había comprado una ensalada. Fui a la habitación, me puse el piyama, prendí la tele y le di play a un capítulo de Six feet under. Mientras pasaba la apertura fui a la cocina, condimenté mi cena directamente en la bandejita donde venía, me serví un vaso de jugo y fui a la habitación, dispuesta a comer y luego dormir.

El timing fue perfecto. Apenas me senté en la cama empezó el capítulo. Por primera vez en varias horas, sonreí.

El capítulo comenzaba con una señora de cuarenta y algo, que llegaba a su casa, se cambiaba la ropa por una mas informal, abría una bandejita de comida y se sentaba frente al televisor a comerla. Se llevaba un primer bocado a la boca, se atragantaba, y se moría. Tardaban mas de una semana en encontrarla.

Dejé de comer en ese instante.

martes, 22 de septiembre de 2009

Otra oportunidad

M: ¿Y? ¿Cómo fue la segunda cita?
A: Bien.
M: ¿Y el entusiasmo dónde está? Contame qué pasó, así me río y voy a contarle a la gente del blog.
A: No, me porté bien. Hice lo que me dijiste: traté de ser yo misma, pero sin irme tanto al carajo.
M: ¡Entonces estuvo bien!
A: Sí.
M: Ok, estás medio boluda. ¿Qué pasó?
A: Bueno, no me retes. Le dije que era RRPP.
M: ¡No! Me muero me muero me muero. ¿Se lo dijiste en serio o en chiste?
A: Se le dije en chiste, pero como no lo entendió tuve que explicarle y ahí perdió la gracia.
M: Mamita, pobre, él no tenía ni idea, ¿no?
A: Y no boluda, si ya te dije. Es todo fino y delicado. Imaginate la cara que puso. Yo dije todo rápido y junto, para que no se entendiera bien.
M: Claro, onda rapiditarendidorapeterayputa.
A: Ahora posta, no me va a llamar mas.
M: ¿Pero al menos se rió?
A: Sí, eso sí. Soy como su payasito.
M: Bueno linda, peor es nada...
A: ¿Estamos hablando de vos?
M: Te detesto.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Odisea

Entro y le pregunto al primero que viene a darme un panfletillo dónde me toca votar. "Segundo piso, mesa 4". Subo las esclaeras. No encuentro la mesa. Doy cinco vueltas. La encuentro. Cola. Larga. Veinte personas. Hago la cola. Cuando tengo tres adelante, veo en el cartel las letras que votaban ahí. La "L" no aparecía.

Agarro a otro muñeco. Le pregunto dóndo voto. "Segundo piso, mesa 6". "Bien", le digo, "¿Está de aquel lado?". El muñeco se ríe. "No, estás en el primer piso". "No, estoy en el segundo". "No, estás en el primero". Subo un piso. En el camino:

"Te doy un panfletillo". "No, gracias"
"Te explico la propuesta". "No, gracias"
"Te cuento de la agrupación". "No, gracias"
"¿Ya decidiste a quién votar?". "No, gracias"

No encuentro la mesa. Le pregunto a otro. "No, pero estás en el tercero". "Yo sabía", pienso. Bajo al segundo. Busco la mesa. No la encuentro. En el camino:

"Te doy un panfletillo". "No, gracias"
"Te explico la propuesta". "No, gracias"
"Te cuento de la agrupación". "No, gracias"
"¿Ya decidiste a quién votar?". "No, gracias"

Encuentro la mesa. Cola. Veinte personas delante mio. Mientras hago la cola:

"Te doy un panfletillo". "No, gracias"
"Te explico la propuesta". "No, gracias"
"Te cuento de la agrupación". "No, gracias"
"¿Ya decidiste a quién votar?". "No, gracias"

Llega mi turno. Sonrío, tranquila, pensando que lo peor ya pasó. Entrego el documento. Pasan hojas, muchas, varias. "No estás en el padrón". Y luego: "Tenés que ir a la mesa de CBC y preguntar ahí".

Bajo al primer piso. En el camino:

"Te doy un panfletillo". "No, gracias"
"Te explico la propuesta". "No, gracias"
"Te cuento de la agrupación". "No, gracias"
"¿Ya decidiste a quién votar?". "No, gracias"

Busco la mesa. La encuentro. Hago la cola. No hay tanta gente. Suspiro. Fumo. Me como un caramelo. Pienso pelotudeces. Llega mi turno. Entrego el documento. Pasan hojas, de nuevo, muchas, un montón. "No estás en el padrón. Tenés que ir al segundo piso para que te den un comprobante que justifique que no vas a votar".

Subo al segundo piso. Me acerco a la oficina. Le explico. Me escucha, tiene el ceño fruncido. "¿Y por qué no estás en el padrón?". "No sé señor, vengo a averiguar eso". Le digo mi nombre, desaparece detrás de una puerta. Vuelve algunos minutos mas tarde. "No, es que a vos te toca votar en Ciudad Universitaria".

Salgo, agotada, con un cansancio físico y mental que hacía mucho no sentía. Llueve. Cuando llego a mi casa, tengo la cocina inundada.

jueves, 17 de septiembre de 2009

Retórica

Tuvo la mala suerte, el pobre chico con brackets y boina guevarista, de cruzarse conmigo en el momento pico de mi neuross diaria: las seis de la tarde.

Además, ya había escuchando pacientemente a otros tres personajes que me promocionaban su plataforma política como si fuera la mejor, no para salvar a la facultad, sino para salvar al mundo entero.

Y si sumamos neurosis en su máxima expresión más carencia de paciencia, el resultado es: Asesina en potencia.

Chico
bla bla bla la izquierda
bla bla bla el capitalismo
bla bla bla el imperialis...

M (interrumpiendo)
Retórica

Chico
¿Qué?

M
Que usted carece completamente de retórica.
Con ese tonito no puede pretender convencerme de nada.
Ni a mi ni a nadie.

Chico
...

M
Haga una cosa.
Vaya a su casa, practique el
discursito frente al espejo y vuelva en marzo.
Está aplazado.

Y me reí como una hiena beoda.

martes, 15 de septiembre de 2009

Horóscopo

Hoy me llegó, no sé bien por qué, mi horóscopo para el día de la fecha.

"Amor: Traición
Dinero: Momento difícil
Salud: Enfermedad"

Macanudos los astros.

lunes, 14 de septiembre de 2009

El metrosexual egoísta

Chico y chica salen hace tres, o cuatro meses.
Es domingo, mediodía.
Están en la casa de chico.
Acaban de levantarse luego de una noche colmada de sexo.

Chica pide permiso para bañarse.
Chico accede.

Chica se está bañando.
Chico entra al baño.

Chico: Che, linda, después tenés que decirme qué shampoo y acondicionador usás.
Chica: Me da lo mismo, éstos están bien.
Chico: No, pero después decime así te compro.

Chica sonríe. Siente que las cosas están funcionando bien. Chica vuelve a sonreír.

Una media hora después, chica y chico miran una película.
Chica: ¿Por qué me preguntaste qué shampoo comprarme?
Chico: Asi no me usás los mios, que me los da el peluquero.
Chica: ...
Chico sonríe, y le da un beso en la frente. Se levanta. Va al baño. Vuelve con su shampoo y acondicionador en la mano.

Chico: Son importados, ¿ves? No quiero que se gasten rápido.

sábado, 12 de septiembre de 2009

Disculpen la honestidad

La verdad es que todo lo relacionado con el fútbol, Maradona y el mundial, me la recontra soba.

viernes, 11 de septiembre de 2009

En estado de ebriedad

Estar ebria un viernes a las 15:38 puede significar, de buenas a primeras, que sos una alcohólica sin remedio y que te vas a morir sola, rodeada de gatos, con un vaso de whisky roto en la cabeza.

O también puede significar que tu jefa te vio medio bajón, y decidió invitarte a un asado para levantarte el ánimo y festejarte el cumpleaños atrasado. Y que para hacerte reír, te dijo, sin anestesia y alzando una copa de vino: "El problema es que los hombres son una especie independiente. Están ahí, en el límite, un pasito mas y ya son del bando de los monos". Y que vos, a pesar de todo, a pesar de no haber creído en esas palabras, a pesar de estar bajón y sentir que estás vieja y te vas a morir sola con un vaso de vidrio roto en la cabeza, igual te hayas cagado de la risa.

En fin, mientras volvía a la oficina, se me vino a la cabeza Xuxa. Cuando era chica Xuxa era topísima, tenía su show en el canal de las pelotas, y al final de cada programa miraba a cámara y saludaba a la gente que la miraba del otro lado de la pantalla. Y yo, que era rubia (con eso intento justificar todas las estupideces que hacía de pequeña), la miraba y pensaba "La puta che, ésta mina me está hablando a mi". Y algunas veces, lo confieso, hasta lloré de la emoción.



Guarda con los indios del video, por favor. No tienen desperdicio. La poca garra y entusiasmo que le pusieron al tema musical no tiene precedentes. Y atenti, especialmente, al festivo trencito humano que se forma sobre el final.

Buen fin de semana.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Un momento difícil

Ayer mi jefa me pasó el primer armado de la última película que hicimos en la productora, y que ella dirigió. Se supone que es una comedia. Se supone que en una comedia hay chistes. Se supone que ante esos chistes, uno ríe.

Bueno. No encontré chistes. No me reí ni una vez.

Recién llama mi jefa.

Jefa: ¿Pudiste ver la película?
M: Sí, claro.
Jefa: ¿Y qué te pareció?
M: ...
Jefa: Dejá dejá. No me adelantes nada. Voy para allá y me contás en persona.


Me quiero morir.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

¿A mi me pedís consejos?

En un intento irrefrenable por conquistar el corazón masculino, las mujeres impostamos una perfección completamente falsa en una primera cita. Nos empeñamos en parecer lindas, divertidas, interesantes, inteligentes, sexys, sagaces, y un sinfín de características que, suponemos, calarán hondo en el corazón del macho.

Sin embargo, al segundo o tercer vaso de cerveza, salen a flote todas las imperfecciones que nos caracterizan, y nos lanzamos de cabeza a un abismo del que nunca podremos retornar.

Prueba de lo que digo es el mail que me llega ayer por la tarde.

De: amiga@metílapata.com
Para: ramera@mevoyamorirsola.com
Asunto: Mi cita de anoche

Oíme una cosa. Viste que te conté que la cita de anoche estuvo muy bien. Estuve pensando un poco, y creo que la cagué. Mal.
Le dije que era medio puto. Pero te juro que no fue a propósito, lo que pasa es que me dijo que usaba no sé cuántas cremas para la cara, y me dio cosa, porque yo ni siquiera me pongo crema para los granos. Y se lo dije. Le dije: "Pero pá, vos usás mas cremas que las que yo usé en toda mi vida". Le dije "pá" boluda, me debe odiar. Le dije "pá" y le dije "medio puto". Creo que quedé medio machona.
En vez de decirle que había puesto la membrana de mi casa debería haberle dicho que hacía quilting. O algo así, no sé, alguna pelotudez mas femenina que el soplete y la brea. Además, cuando volvíamos pasamos por la parrilla de la vuelta de mi casa. Y yo estaba medio en pedo. La parrilla vos la conocés, es cutre mal. Boluda, en vez de hacerme la fina y señalar el barcito que hay enfrente que es todo canchero y lleno de velas, le dije: "No sabé lo sánguche de vacío que se comen acá".
Me hundí. Le dije, no sé hablando de quién, que le había hecho un "petiso". ¿A vos te parece que yo me haya atrevido a mencionar la palabra "petiso" delante de alguien que no sos vos? Estoy al horno.

De: ramera@mevoyamorirsola.com
Para: amiga@metílapata.com
Asunto: Mi cita de anoche

Bueno mami, pero tenías razón: ¡en esa parrilla se comen unos sánguches de puta madre!

martes, 8 de septiembre de 2009

Peña

Yo caminaba por el pasillo, hacia la salida de la facultad. Iba caminando rapidito porque necesitaba llegar a mi casa después de doce horas de actividad. Caminaba rapidito y pensaba qué carajo iba a comer. Pensaba, además, en el rol fundamental de la percepción en el problema artístico (no es que yo piense esas cosas usualmente, pero venía de escuchar cuatro horas de perorata sobre el tema). Caminaba, y me abrochaba la campera porque suponía que afuera hacía frío.

Y mientras sucedía todo eso, escuchaba unos ruidos extraños. Un sinfín de sonidos agudos que no iban ni para atrás ni para adelante. No eran la práctica de una escala menor ni una melodía medianamente conocida. Parecía una flauta, pero era imposible. Parecía una quena, pero no había forma.

Y sin embargo, cuando menos lo esperaba, doblo en la esquinita, y los encuentro: adentro de la facultad, impunes como un demente que se baja los pantalones en la calle, un dúo de músicos. Vestidos con ponchos, las chuzas roídas, collares de cuero, sentados en unos banquitos de madera bajitos. Tocaban unos "folklores".

Perpetraban una peña improvisada. Faltaban las cazuelas de locro y estábamos hechos.


No hay cosa que me deprima mas que una peña.
Puán es demasiado para una Ramera.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Son ocho los monos



Y se juntaron para hacer un blog colectivo: Men in Blog

Pasen y vean, no se van a arrepentir.

Si se preguntan de qué va la cosa, no se preocupen, ya me encargué de averiguar:

Viejex:
Sencillamente somos 8 tipos tratando de hacer humor.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Officially old

Bailo.
Bailo "Violeta", "Mayonesa", "Te quiero tanto".
Pero en un momento me quedo quieta.

Johi, Conz, amiga (al unísono): ¡Bailá boluda!
M: No, no conozco el tema. No puedo bailar un tema que no sé.
Johi, Conz, amiga (al unísono): ¿¿Cómo no lo conocés??
M: No, debe ser nuevo.

Chico de otro grupo mira.
Yo lo miro.
Chico se da vuelta.

Chico (a sus amigos): No puede ser que no lo conozca.

Vuelvo a mirarlo.

Chico (a sus amigos): ¡Si este tema salió como hace dos años!

Agarro mi campera.
Me pongo la bufanda.
Salgo a la calle.

En casa me esperan un té de boldo, el piyama y la cama calentita.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Ka-Boom

Se supone que los viernes son días que están buenos. Se supone que empieza el fin de semana, que uno va a descansar, o se va a emborrachar, o drogarse, va a salir, comer porquerías, ver gente, y pavadas por el estilo. Y se supone que los viernes son como el preámbulo a todas esas actividades, la puesta en marcha de lo que será el maravilloso fin de semana.

Y digo "se supone" porque mi viernes es una mierda, porque hace tres días que trabajo hasta las once de la noche, y como una pizza añejada que tengo en la heladera. Porque hace cuatro días que no puedo sentarme a leer mas de media hora porque me quedo dormida, y cuando me echo a dormir me despierto doscientas veces. No puedo ver una película porque me arden los ojos al leer los subtítulos. Y se supone que hoy, viernes, yo esté contenta porque empieza el fin de semana, aun sabiendo que de nuevo tengo que trabajar hasta las once de la noche, que tengo la casa patas para arriba desde hace tres semanas porque "estoy pintando", que mañana me van a retar porque no escribí nada, y que a la noche tengo el "festejo" de mi cumpleaños.

Pero si yo pensaba que todo eso podría ser letal, si pensaba que no había algo más allá de estas desgracias, si se me había pasado por la cabeza que este viernes no podía ser peor, estaba erradísima. Recién me ocurre lo siguiente con una compañera del colegio con la que no hablo hace, fácil, un añito:

L: ¡Feliz cumple atrasado linda! ¿Cómo andás?
M: ¡Gracias! Bien, todo bien, tirando. (sí, puse "tirando", mátenme)
L: Qué bueno, me alegro mucho. ¿27 no? (bomba 1)
M: ¡No! 26 nomás...
L: Jajaja ¡Perdón! ¡Ya estás más cerca de los 30! (bomba 2)
M: ¡Me estás matando!
L: No no. ¡Perdón! ¿Y cómo anda el señor que vive con vos? (bomba 3)
M: Eh... me separé...
L: Uh, negra, todo mal.
M: ¿Y vos? ¿Cómo andás? (yo sé que está mal, pero en este momento quería que me contara alguna desgracia)
L: Yo muy bien... adiviná dónde estoy...
M: No, no sé. (en este punto carente de paciencia)
L: En GRECIA (bomba 4, final, se acabó el mundo, no esperen nada mas de mi, hasta aquí llegué, mi vida apesta, no me olviden, siempre los amaré)

(andá a la concha de tu madre)

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Ortiva

Profesora: Cuéntenme qué los conmueve, qué les sucede cuando están frente a una obra de arte.

Alumna 1 (al borde de las lágrimas): A mi... lo que me pasa es que me emociona. De verdad me emociona. Pensar que cada una de esas pinceladas las dio Paul Klee, o Pollock. O que Picasso estuvo frente a ese mismo cuadro que yo. Es intenso, mueve todas mis emociones... no puedo explicarlo muy claramente. Pero es emoción, básicamente emoción.

Alumna 2 levanta la mano.

Profesora: ¿Querés agregar algo?

Alumna 2 (con cara de frígida): Bueno, ese es el fetiche de la obra de arte. Porque en realidad (inserte aquí algunos ademanes de maestra ciruela) nadie sabe a ciencia cierta si esas pinceladas las dieron Pollock o cualquier otro. No tenés idea si es un original o no. No podés conmoverte frente a algo que no sabés si es verdadero.

Alumna 1: Eh... pero... a mi me emociona igual.

Alumna 2: Bueno, para mi es una pavada lo que te pasa.

martes, 1 de septiembre de 2009

Delicadeza

M: ¿Y? ¿Cómo venimos con la chica esa?
H: Como el orto. El otro día me confesó que me había cagado.
M: ¡No! Yegua. ¿Y para qué te lo dijo?
H: No sé...
M: Y qué hiciste.
H: Le dije, tranquilamente, que se fuera.
M: Mala onda.
H: Al menos tuvo la DELICADEZA de decirmelo después de haber garchado.
M: Claro, pensemos lo positivo: era gauchita la yegua.

viernes, 28 de agosto de 2009

jueves, 27 de agosto de 2009

Máxima cinematográfica

Cualquier película promocionada como un "canto a la vida", no es mas que un bodrio soporífero y melancólico que lo dejará de cama varios días.

Hágame caso, si en la tapa hay un mogólico, un enfermo terminal o una pareja de ancianos tomados de la mano, devuelva la cajita al estante, dése vuelta rápidamente, y camine hacia cualquier otro sector, haciendo como si nunca hubiera ocurrido nada.

Rameritas malvadas

Lo que realmente nos mantenía unidas a mi amiga Camila y a mi, lo que nos hacía pesadamente inseparables, era la maldad.

Nuestra víctima mas importante fue Agostina. Desde el día que la conocimos, quedó pautado de manera implícita que nuestra misión en la vida era arruinarle la existencia a la otra.

Perpetrábamos los planes mas siniestros (y a la vez carentes de sentido) para que la pobre criatura sufriera y se hiciera macha. Pasábamos jornadas enteras elaborando maquiavélicos ataques que pocas veces llevábamos a cabo. Éramos Gargamel. Cerebro. The Misfits.

Por ejemplo, la primera vez que nos escapamos de la casa de Camila teníamos apenas siete añitos. Bajamos dos pisos por la escalera y dejamos en la casa de Agostina una carta anónima, de alto contenido violento. Lo que mas se destacaba era: "Te estamos espiando" y "Tenenos miedo". Volvimos a la casa de Camila y soportamos estoicamente el reto por la fuga. Al fin y al cabo, lo único que importaba era que la tonta de Agostina no podría salir nunca mas de su casa por el terror que habría inundado toda su apestosa existencia.

Pero como le sucedía a Gargamel en cada capítulo de Los Pitufos, no todo salió exactamente como lo habíamos planeado: a las dos horas de haber entregado el anónimo, la madre de Agostina tocó el timbre de la casa de Camila. El papel de carta de Frutillitas, y nuestra letra de primer grado, nos habían delatado.

Estuvimos cinco días en penitencia.


martes, 25 de agosto de 2009

En el día de ayer

  • Me bajé del colectivo. Tenía que caminar por Alberdi, para el lado que subía. Caminé una, dos, tres, cuatro cuadras, hasta que me di cuenta que estaba bajando.
  • Llegué corriendo a la facultad a las 16:55 porque, a sabiendas de mi falta de orientación, necesitaba cinco minutos (ni uno más ni uno menos) para encontrar el aula. Cuando chequeé en cual me tocaba, me di cuenta que me había equivocado de horario: hasta las 19 no tenía clases.
  • Hasta las 18:50, entonces, me leí algunos cuentos de un libro precioso, tomé 4 cafés y fumé 10 cigarrillos. Luego fui al baño (me quedé con la cadena en la mano, pero esa es otra historia). Cuando traté de encontrar de nuevo el aula, no hubo forma (tuve que salir a la calle y arrancar el recorrido desde ahí).
  • A las 19:20 éramos 4 alumnos y 0 profesores. Había una guardavidas muy grandota que daba miedo, una chica toda arregladita que no paraba de hablar, y un muchacho bastante interesante. Me quise hacer la linda con el muchacho, y pensé que estaba funcionando, hasta que dijo "mi novio".
  • Luego de averiguar, a eso de las 19:40, nos enteramos que empezábamos las clases recién el jueves.
Puán está lleno de hippies. Me dio impresión.

sábado, 22 de agosto de 2009

Fraudulenta

Voy al gimnasio, vuelvo y tomo un jugo de naranja recién exprimido, una tostada de pan integral con queso light, y después me clavo un cuartito de bizcochitos de grasa.

viernes, 21 de agosto de 2009

Disposición

Mi jefa, the lesbian, pasa caminando por el pasillo de las oficinas, siguiendo a un técnico que vino a instalar unas máquinas.

Jefa: ¿Querés mate? ¿Café? ¿Una gaseosa? ¿Algo? ¿Facturas?

Técnico: No no. Quiero algo bien específico y sé que vas a poder ayudarme.

Jefa: Decime.

Técnico: Bueno, fijate que...

Jefa: Pará, ¿me tengo que bañar?

miércoles, 19 de agosto de 2009

La televisión del tercer mundo

De todos los momentos que me toca vivir en soledad, la hora de la cena es la peor. Sin embargo, he aprendido a combatir ese momento horroroso, concentrándome en gente que está mucho peor que yo. Por eso, a la hora de la cena, y aunque me avergüence decirlo, yo miro el grandioso programa de Julián Weich.

Mi cena no dura mas de quince minutos, que espero ansiosa, frotándome las manos, pensando de antemano las barbaridades que le voy a gritar al aparato (aparato televisor, no Julián, aunque pensándolo bien, qué mas aparatoso que el impresentable ese) y me siento sobre unos almohadones, llevo la bandeja con comida, hablo con la boca llena, mientras le grito a la hermana de Wanda Nara que la voy a matar porque no es justo que sea tan linda, y le digo a Tuqui “qué bajo caíste hijo de puta” y me pregunto por qué hay que festejar tanto que alguien gane 100 pé, cuando hoy día con ese dinero no te comprás ni dos kilos de carne.

Pero mi momento preferido es el momento del juego del invitado sorpresa. La última vez que lo vi estaba de invitado Marcelo Iripino (un “susano” histórico que ahora ha descendido al peor de los infiernos al atreverse, no sólo a cantar, sino además a sacar un disco llamado “Tu frutita”). Costó una cantidad inconmensurable de preguntas adivinar quién era, y no sé si lo lograron, porque cuando terminé mi milanesa de soja, me fui a la computadora, y me puse a ver algo mas interesante. Porque chicos, en “What´s my Line?”, no llevaban gatos baratos con pretensiones artísticas. Llevaban artistas de verdad.




Un dato no menor: cuando van vedettes el juego se torna incomprensible, porque las chicas, a cada pregunta, mandan fruta. Entonces, todas ellas saben: cantar, bailar, actuar, conducir, hacer gimnasia artística, patinar, tirar las cartas y hacer muñequitos con arcilla. Vamos chicas, que somos pocos y nos conocemos mucho...

martes, 18 de agosto de 2009

Mis cinco minutos de fama

(o el fin del mundo está más cerca de lo que creíamos)


Nótese, por favor, lo mala que soy con el Photoshop. Lo único que tenía que hacer era un parche sencillo, y me quedó horrible.

martes, 11 de agosto de 2009

No me copa en absoluto

  • La gente que se jacta de no haber visto nunca la televisión.
  • La gente que se autoproclama "intelectual".
  • La gente que abraza en demasía.
  • La gente que pronuncia excesivamente bien una palabra en idioma extranjero (en especial si es français) cuando viene hablando en porteño de Caballito.
Es arbitrario e intolerante. No hace falta que me reten.

viernes, 7 de agosto de 2009

Macanuda

Íbamos en su auto. Apenas nos conocíamos. Ella, treinta y cinco años, soltera. Yo, veinticinco, recién separada. Le contaba un poco por qué me había separado, y ella, me interrumpe y dice, como si estuviera esparciendo la palabra del Señor: "Tengo una mala noticia: no hay hombres".

Y como si eso no hubiera sido nada. O como si no hubiera notado que mi rostro gritaba "Callate que me suicido", agrega: "Además, ahora que vivís sola, NUNCA más en tu vida vas a querer convivir con alguien".

Macanuda che. Estuve a un segundo de tirarme de palomita por la ventanilla.

lunes, 3 de agosto de 2009

Mi hijo, el mimo

El sábado, nos imaginamos con mi amiga, por enésima vez en nuestras vidas, la tragedia de que un hijo venga y te diga: "Mamá, ya sé cuál es mi vocación: quiero ser mimo".

Por las dudas, ya tenemos ensayados todos los gestos que le haríamos para decirle que, de una patada en el orto, antes de ser mimo, lo vamos a mandar al infierno.

viernes, 31 de julio de 2009

El burlador, burlado

Hoy voy a la oficina de la tontita, y la veo muy concentrada, con una pila gigante de papeles y una de esas calculadoras con papel (siempre fue el sueño de mi vida tener una).

M
Che "tontita" (reemplazar por el nombre que mas les guste),
¿cómo se maneja la cafetera?

Tontita
¿No sabés manejar una cafetera?

M (tragame tierra)
...

Tontita (riendo a carcajadas)
¡Qué tonta!

Resultado: hace dos horas que estoy encerrada en mi oficina y no quiero salir porque me da vergüenza. ¿Podré echarle la culpa a la depresión?

Ah, no. Cierto que no estoy mas deprimida.

jueves, 30 de julio de 2009

Conchuda

1. ajd. Dícese de una mujerzuela que no te habla desde 2001 y que, aun sabiendo que acabás de separarte, te ubica y pregunta dónde puede comprar muebles baratos, porque se está por mudar con su novio.