Camino con este calor insoportable por las inmediaciones de Plaza Serrano. Lo único que pienso es "qué calor qué calor qué calor qué calor" mientras sueño despierta con zambullirme en una pileta llena de Rolito. Me prendo un cigarrillo.
Un grupo de jóvenes turistas camina a mi encuentro. Yo ODIO hablar con turistas. Me pongo nerviosa. No me interesa en lo absoluto. Cuando los tengo casi encima, uno de los jóvenes turistas me mira. Fijo me mira. Y me hace señas extrañas. Yo paro y lo miro y levanto la cabeza como diciendo "qué". Me señala el cigarrillo. Supongo, entonces, que quiere fuego. Le doy el cigarrillo, se lo lleva a la boca, inspira, y mientras larga pacíficamente el humo, se va. Con mi cigarrillo en su mano, se aleja. Camina. Como si nada. Salgo de mi tara mental y empiezo a perseguirlo. Le toco el hombro:
M: Hey, mi cigarrillo.
El Joven turista: Yeah yeah... Thanks!
Y se volvió a alejar. Y yo me quedé ahí, desconcertada, sin cigarrillo. Por suerte, cuando giré la cabeza, vi una linda musculosa, y me olvidé del asunto.
Me volví a indignar cuando leí el demencial precio del trapito color fucsia.