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jueves, 21 de octubre de 2010

El principio del fin

Papá le regaló a mamá una computadora por el día de la madre.

El lunes estuvimos QUINCE MINUTOS al teléfono para que lograra apagarla.

viernes, 16 de julio de 2010

Una ramera y el deporte I

El primer intento de mi madre por hacerme un ser social fue enviarme a gimnasia artísica a Velez. Yo tenía cinco años y no hablaba. Era mas parecida a una planta con piernas y pelusita rubia en la cabeza que a una persona. Tímida hasta el hartazgo. Antipática hasta lo inhumano.

La primera clase de gimnasia artísica fue una pesadilla. Había niñas con las que había que conversar. Había profesoras que sonreían sin parar y hablaban con tono de maestra jardinera. Uno de los primeros ejercicios fue: caminar por una barra y al llegar al extremo estirar las manitas y agarrarse de unas argollas parecidas a la de los subtes.

Yo caminé por la barra, temblorosa, y al llegar al extremo estiré mis bracitos flaquitos y salté. Le erré a las argollas, caí a la colchoneta, me partí el labio, y me largué a llorar. No volví nunca mas.

Hay secuelas de la experiencia: jamás, viajando en tren o subte, pude sostenerme de las argollas esas. Me dan impresión.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Ramera

Cuando era chica no existían los teléfonos celulares, no había internet, y en mi barrio pocas personas tenían teléfono fijo. Por esa época, para mi madre era mas que difícil coordinar visitas a la casa de sus amigas, asi que nuestra única posibilidad era lanzarnos a la aventura, tomando varios colectivos para llegar a la casa de alguien y rogar que la suerte haya estado de nuestro lado y que el visitado se encuentre allí. Mas de la mitad de las veces, la suerte nos abandonaba. Y era en ese momento cuando mi madre implementaba el único método que había encontrado para que sus amigos supieran que había pasado por ahí: colocaba en la reja una rama arrancada de algún árbol de la cuadra. Con el correr de los años adopté esa costumbre, aunque con la aparición de los celulares y el mail la fui dejando olvidada, reemplazándola por mails de "Hoy a la tarde paso por tu casa" o mensajes de texto que rezan "Necesito que me escuches porque tengo que contarte demasiadas cosas sobre mi nuevo chongo".

Hace un rato, Viejex me envía un mail, que decía:

Origen de la palabra Ramera:
Hacia fines de la Edad Media, era costumbre en España colgar un ramo en la puerta de las tabernas para indicar que no se trataba de viviendas particulares y llamar de esta manera la atención de los clientes (v. cliente).
Las prostitutas, así como hoy ocultan sus negocios haciéndolos pasar por casas de masajes, en aquella época los disimulaban colgando en su puertas un ramo, como si se tratara de tabernas. Por esa razón, las comadres empezaron a llamarlas rameras, una palabra que les sonaba más púdica que prostituta. Este vocablo aparece registrado por primera vez en español a finales del siglo XV, como, por ejemplo, en La Celestina (1499), de Fernando de Rojas: "Esta mujer es marcada ramera, según tú me dijiste, cuanto con ella te pasó has de creer que no carece de engaño. Sus ofrecimientos fueron falsos y no sé yo a qué fin."·

Y entonces recuerdo a mi madre, colocando una rama enredada en una reja, veinte años atrás, y me pregunto si ella sabrá qué significaba esa rama en la Edad Media, y planifico volver a implementar ese método, olvidarme del celular y del mail, marcar cada una de las casas de mis amigas, con una ramita, que pueda interpretarse como "Aquí vive una Ramera" o "Por aquí pasé yo, M, una Ramera".

Estén preparados, se viene la revolución ramera, y la voy a encabezar yo. Voy a empezar por la casa de amigas, y luego ramerearé hogares de desconocidas, las contagiaré a todas, y ya no habrá vuelta atrás. Y cuando la invasión de la palabra "petiso" los deje sin respiración, no vengan a quejarse. Yo avisé.

lunes, 20 de julio de 2009

Pocas palabras

El viernes recibí en el hogar ramero, ahora practicamente vacío, a mis padres. Les dejo un pequeño ejemplo de lo que fue una de las noches mas tortuosas de mi vida:

Madre
Estoy preocupada por vos.

M
Estoy bien ma, no te preocupes.

Madre
Es que no sé qué vas a hacer ahora de tu vida.
No sé qué querés de tu vida.

M
Estoy bien ma, no te preocupes.

Madre
Aparte la inseguridad, te puede pasar
cualquier cosa viviendo sola, cualquier cosa...

M
Estoy bien ma, no te preocupes.

Madre
Además, estuve pensando, para mi que el señor
que vivía con vos, nunca estuvo enamorado de vos.

M
¿Te doy otra porción de pizza?

Cuando se fueron, además de putear locamente, me emborraché en soledad y me quedé hasta las cuatro de la mañana cantando y bailando. La vida en soledad puede ser triste (al menos al principio), pero si encima la pensamos triste, la actuamos triste, le agregamos lágrimas y nos pasamos lamentando por cualquier cosa, se va todo al carajo.

lunes, 1 de junio de 2009

Los sueños, sueños son

El viernes a la noche soñé que mataba a mi padre. Trabajábamos todos en una panadería, y yo entraba con una especie de ametralladora, acribillaba a mucha gente hasta llegar a papá, a quien le obsequiaba cantidad innumerable de tiros. Después me iba tranquilamente. Antes de dormir, había visto Kill Bill.

El sábado, en cambio, soñé que mataba a mi madre. No recuerdo cómo lo hacía, aunque sí la razón. Algunos días antes habíamos tenido la siguiente conversación:

Una Ramera: ¿Por qué nunca me compraste un hamster? Yo siempre quise tener un hamster...
Madre Ramera: ¿Cómo que no? Tenías uno, le habías puesto nombre y andabas por toda la casa con el bicho encima.
Una Ramera: Me estás mintiendo. Con lo único que andaba encima era con la coneja Katy.
Madre Ramera: Katy era un hamster M...
Una Ramera: ¿Y por qué nunca me lo dijiste?
Madre Ramera: ...
Una Ramera: Nunca te voy a perdonar. Me voy a vengar mamá, ya vas a ver... cuando menos te lo esper...
Madre Ramera: No hablés pelotudeces, querés.

Y después, en el sueño, la mataba por eso. ¿Qué me está pasando? ¿La depresión está mutando en instintos asesinos? ¿Tengo que hacerme ver? ¿Me van a internar? ¿Voy a morir sola en una habitación? ¿Con un chaleco de fuerza? ¿Soy un peligro para el resto de la humanidad? Si Susana se cruza conmigo por la calle, ¿pide que me apliquen pena de muerte?

Yo, por las dudas, en vez de concurrir al almuerzo semanal de la familia ramera, me encerré en el cuarto y me pasé el domingo mirando Heidi.

jueves, 12 de febrero de 2009

¿Vamos a bailar?

Ese verano habíamos ido a las paradisíacas playas de Mar del Tuyú. Mi madre, padre, hermanos, tío, tía, y primas. Primas eran dos y tres años más grandes que yo. Yo tenía once y ellas, naturalmente, trece y catorce.

El verano anterior, las primas ya habían veraneado en Mar del Tuyú. Conocían la playa, el centro, la peatonal, los locales de video juegos y EL boliche. Y no me equivoco al decir EL boliche, porque estábamos en Mar del Tuyú. Un boliche casi que alcanzaba -y sobraba- para toda la localidad (incluso para alguna vecina).

Tardamos exactamente diez días en convencer a mi madre para que me dejara ir a bailar al boliche. Yo había ido a algunos asaltos o bailes escolares, pero nunca a un recinto con patovicas y chicos más grandes. Finalmente K (mi madre tiene esa inicical y mi padre se llama como el general) aceptó y ahí fui yo -como loca- a calzarme unas sandalias franciscanas, un jean gastado y una remera  John L. Cook.

Apenas entramos, mis primas y yo saludamos a mi madre que nos había acompañado. Empezamos a caminar para pagar la entrada, pero yo sentí que alguien me seguía muy de cerca, que alguien tenía sus ojos clavados en mi nuca. Cuando me di vuelta, mi madre hablaba con el patovica y no me sacaba la mirada de encima. Me acerqué y la volví a saludar, tratando de presionarla para que empiece a salir del boliche. Sn embargo, mi madre le daba la mano al patovica, me agarraba del brazo, y me decía: "No, yo me voy a quedar por acá sentadita. ¿Qué pensaste? ¿Que te ibas a quedar sola acá adentro?". Después de eso largó una carcajada feroz y siniestra, que retumbó en todo el lugar.

Horas más tarde, mi madre seguía sentada en un costadito de los reservados, y yo bailaba tímidamente a dos metros de ella. El chico que me gustaba se reía de mi, cada vez que mi madre me saludaba desde su palco VIP.

jueves, 4 de diciembre de 2008

¡Un horror!

"Ay, por Dios. Qué asco. Mirá lo que es eso, todo desordenado, una cosa encima de la otra, ningún criterio. Todo aplastado. La carne arriba de los tomates, seguro esa bolsita está rota, ¿te imaginás qué rica va a quedar la ensalada? ¡Especial para Drácula! Y todos los yogures esos, mirá... se están abollando los potecitos. Yo no entiendo... si es mucho más facil ir poniendo las cositas ordenaditas. Por un lado los lácteos, verduras, carnes, latas, perfumería. ¿Pero vos te diste cuenta? Fijate, fijate por favor, ay no... es una inmunda. Ese shampoo va a quedar con olor a perejil. ¿Entendés? Shampoo con sabor a perejil..."

"Callate. Parecés tu madre." dijo el señor que vive conmigo y volvió a mirar la heladera de cervezas.

Salí de mi estado de posesión. Hice puchero, y dejé de chusmear el changuito de la señora de adelante, que me miraba de reojo, con odio desmesurado, como cuando yo miro a mi madre que, meterete como nadie, critica a cualquier ser humano, sin importar raza, religión o color.

viernes, 25 de julio de 2008

Cada vez que llega, una sorpresa nueva

Viernes, 10 AM. Mensaje de texto de mi canchera madre:

“Fernanda tuvo una nena. Se llama Milagros”

Fernanda tiene dieciocho años y es prima mia. Yo ni sabía que estaba embarazada.

Mi canchera madre tiene seis hermanos por parte de su madre y nueve por parte de su padre. Todos están casados (inluso el asesinado y el preso) y tienen, en promedio, cinco hijos cada uno. A su vez, la mayoría de esos hijos están juntados (hoy día en la familia ya no se estila el casamiento) y tienen, también, un promedio de cinco hijos cada uno. Esta gran familia sumada a mi incapacidad por ser una chica familiera, da por resultado que yo no me entere de la mayor parte de embarazos o partos.

Hace nueve meses mi prima Fernanda vivía con su madre (mi tía Sandra, ex esposa de mi tío Pato, hermano de mi madre). Estaba noviando con un señor de cincuenta años separado y con varios hijos en su haber. Una tarde mi tía Sandra llegó a su hogar y encontró a mi prima Fernanda (apodada en la infancia “La Chancha”) metiendo sus trapitos en un bolso.

Fernanda
Él me da verga, alimento y televisión.

(no sé si el diálogo fue exactamente así, pero casi)

Dos meses más tarde, mi tía Sandra llegó a su hogar y se encontró a mi prima Fernanda, que había vuelto con un moño de regalo en la cabeza. El señor con el que se había mudado llamó a tía y le contó qué había pasado.

Señor
Yo no puedo mantenerla.
Sólo come y mira televisión.
No trabaja ni quiere mantener la casa.
Es una vaga de mierda.

Siete meses más tarde mi tía Sandra llegó a su hogar y encontró a mi prima Fernanda tirada en la cama, llorando.

Fernanda
Llevame al hospital.

Tía Sandra
¿Qué te pasa? ¿Te sentís mal?

Prima Fernanda
Rompí bolsa.

Tía Sandra
¿Qué cosa? ¿Cómo que rompiste bolsa?

Prima Fernanda
Eso, que vas a ser abuela.

Así fue como después de nueve meses de embarazo silencioso, un embarazo del que nadie sabía, del que nadie se había dado cuenta, del que nadie había festejado ni llorado o criticado, mi primita Fernanda, fue mamá.

No pude alegrarme lo necesario, porque desde que mi madre me contó toda esta historieta yo no puedo pensar en otra cosa: ¿cómo puede ser que nadie se haya dado cuenta que estaba embarazada?