Llego a casa y no hay nada para comer. Lloro.
Voy a buscar unos cuadernos que esperaba hace mucho tiempo. Cuando los veo, lloro.
Escucho "Qué linda sos". Lloro.
Mamá me abraza. Lloro.
Veo una pareja tomada de las manos. Lloro.
Escucho música (cualquier tipo de música) y lloro.
Veo una comedia. Lloro.
Leo el diario. Lloro.
Miro el noticiero. Lloro.
Me pierdo en la calle. Lloro (también alucino que la gente va a empezar a hacer palmas para encontrar a mis padres).
Mi amiga está recluida por peligro de gripe porcina. Lloro (no por la gripe, que me la soba, sino porque no tengo quien me acompañe de fiesta).
Mi otra amiga está recluida en el campo por propia voluntad por peligro al contagio. Lloro.
Me quemo con una sartén mientras hago milanesas de soja. Lloro.
Miro las alegrías del hogar del patio que se están secando. Lloro.
El hogar está sucio. En vez de limpiarlo, ¿adivinen qué? Lloro.
A mi me habían dicho que separarse es triste, pero esto ya es demasiado: me he convertido en una pelotuda full time.