Hace exactamente una semana, salía del trabajo a las ocho de la noche. Había arrancado a las nueve de la mañana, había hecho demasiado calor, varias cosas me habían salido mal en ambos trabajos, y para colmo me había venido. Me dolían los ovarios.
Caminé apretándome la panza mientras pensaba que en veinticinco minutos estaría tirada en la cama, empiyamada y mirando algún programa berreta de cocina (mi actividad favorita cuando me duele la panza). Mientras caminaba en dirección a la Plaza Cortázar, empiezo a escuchar gritos de gente. Pensé que era un grupo musical tocando, o una murga ensayando, pero cuando doblé y enfilé a la parada del 55, me di cuenta que esos gritos provenían de una calle cortada, donde algunos vecinos de Palermo se manifestaban con pancartas blancas que rezaban: "Macri limpiá nuestra ciudad" y burradas por el estilo.
Y digo "burradas", porque mientras trataba de averiguar por dónde podía tomarme el colectivo, el grupo manifestante arrancó con un cántico. Al principio me costó entender qué decían, pero cuando finalmente lo comprendí, se me erizó la piel.
Vecinos de Palermo (en unísono dudoso)
¡Palermo sí! ¡Salada no!
¡Palermo sí! ¡Salada no!
Miré a los vecinos, y casi como un reflejo, me salió una semi sonrisa de indignación. Una vecina se me acercó y me miró, esperando no sé si una felicitación o una trompada.
M. (Una Ramera)
¿Por qué protestan?
Vecina
Porque quieren hacer peatonal Honduras y dejar
que los puestos de venta se instalen ahí.
M. (Una Ramera)
¡Es una payasada!
Vecina
¿Viste? Por eso estamos acá, protestando porque
si convierten Palermo en La Salada no va a haber más turismo y...
M. (Una Ramera)
No. Una payasada es esto que están haciendo ustedes.
¿No te parece una locura? ¿No te resulta demencial
que estén protestando porque no quieren que la gente trabaje acá?
¿En qué mundo estás viviendo vos que pretendés negarle
a otro la posibilidad de laburar?
La vecina me miró en silencio durante unos diez segundos que se hicieron eternos, con una mueca incompresible en el rostro, y después, como si nada, alejándose de mi y arengando al resto, comenzó:
Vecina
¡Palermo sí! ¡Salada no!
¡Palermo sí! ¡Salada no!
¡Palermo sí! ¡Salada no!
¡Palermo sí! ¡Salada no!