jueves, 12 de febrero de 2009

¿Vamos a bailar?

Ese verano habíamos ido a las paradisíacas playas de Mar del Tuyú. Mi madre, padre, hermanos, tío, tía, y primas. Primas eran dos y tres años más grandes que yo. Yo tenía once y ellas, naturalmente, trece y catorce.

El verano anterior, las primas ya habían veraneado en Mar del Tuyú. Conocían la playa, el centro, la peatonal, los locales de video juegos y EL boliche. Y no me equivoco al decir EL boliche, porque estábamos en Mar del Tuyú. Un boliche casi que alcanzaba -y sobraba- para toda la localidad (incluso para alguna vecina).

Tardamos exactamente diez días en convencer a mi madre para que me dejara ir a bailar al boliche. Yo había ido a algunos asaltos o bailes escolares, pero nunca a un recinto con patovicas y chicos más grandes. Finalmente K (mi madre tiene esa inicical y mi padre se llama como el general) aceptó y ahí fui yo -como loca- a calzarme unas sandalias franciscanas, un jean gastado y una remera  John L. Cook.

Apenas entramos, mis primas y yo saludamos a mi madre que nos había acompañado. Empezamos a caminar para pagar la entrada, pero yo sentí que alguien me seguía muy de cerca, que alguien tenía sus ojos clavados en mi nuca. Cuando me di vuelta, mi madre hablaba con el patovica y no me sacaba la mirada de encima. Me acerqué y la volví a saludar, tratando de presionarla para que empiece a salir del boliche. Sn embargo, mi madre le daba la mano al patovica, me agarraba del brazo, y me decía: "No, yo me voy a quedar por acá sentadita. ¿Qué pensaste? ¿Que te ibas a quedar sola acá adentro?". Después de eso largó una carcajada feroz y siniestra, que retumbó en todo el lugar.

Horas más tarde, mi madre seguía sentada en un costadito de los reservados, y yo bailaba tímidamente a dos metros de ella. El chico que me gustaba se reía de mi, cada vez que mi madre me saludaba desde su palco VIP.

miércoles, 11 de febrero de 2009

lunes, 9 de febrero de 2009

Te juro que se me escapó

Maldita costumbre han adquirido algunos hombres de contarnos a recién conocidas la historia de su reciente divorcio. En el transcurso de dos semanas, cinco hombres me contaron -como si fuera íntima amiga-, las idas y venidas del frustrado matrimonio.

El martes pasado, luego de no ver al jefe del trabajo que no me gusta por dos meses, llego a la isla y apenas empiezo a abrir el programa de edición, mi querido productor desembucha el temita del divorcio.

Yo lo escuchaba vagamente, pensando un poco en lo que me decía, y otro poco en lo que iba a cocinar a la noche. Hasta que en un momento, sin anestecia, me dice: "Por ella no hay problema, porque este es mi cuarto matrimonio, pero...". Escuché hasta ahí. Traté de procesar la información. Mi querido productor tiene cuarenta años recién cumplidos, y va por su cuarto divorcio.

Y te juro, porque yo en el fondo no soy tan mala como parezco, que no sé cómo ni de qué manera, pero me encontré a mi misma, interrumpiéndolo, y diciendo: "¡Pero al final sos un fracasado!".

En serio te digo, de verdad, desde lo más profundo de mi corazón, que eso se me escapó.

viernes, 6 de febrero de 2009

Escrachada

Ayer, cuando el señor que vive conmigo llegó al hogar y me encontró tapada hasta la nariz a pesar del calor, supo que algo andaba mal. Se acercó, y mientras me hacía mimo en la cabeza me preguntó qué carajo me pasaba.

M. (Una Ramera)
Es que no voy a poder salir nunca más
en la vida a la calle. Y me estoy
acostumbrando a la vida encerrada.

El señor que vive conmigo se quedó mirándome, en silencio, esperando que esa no fuera toda la explicación.

M. (Una Ramera)
Cometí un error fatal. Pero tremendo.

El señor
Dale, no te hagas la misteriosa
que tengo que trabajar.

M. (Una Ramera)
Ok. Le di un testimonio a una revista.
Y hoy la compré.
Sale mi nombre, apellido, edad y profesión.
¡Y una foto! ¡Una foto mia!

El señor
Pero ya sabías que iba a salir eso.

M. (Una Ramera)
Sí, ya sé, pero ahora me da vergüenza.
Porque todos en la calle me van a ver y van
a saber que soy la de la revista y se van a reir, 
y me van a señalar, y...

El señor (conteniendo una risa horrible)
Pará.
¿Vos realmente pensás que la gente
se va a dar cuenta que vos sos vos?

Yo asiento con la cabeza, y se me llenan los ojos de lágrimas. El señor que vive conmigo estalla de la risa, y se va a la cocina, a prepararme mate. Mientras se va, me dice: "Eso podría pasar conmigo chiquita, no con vos".

Y gracias a ese comentario nefasto, es que hoy estoy aquí, trabajando y escribiendo esto; y no empacando mis pertenencias para un viaje sin retorno.

100

La de ayer, una de las entradas mas tristones que he escrito aquí, fue la número 100 del blog.

Ahora vamos por los 1000.

¡Gracias por acompañarme hastá acá!

¿Se quedan un rato mas?

jueves, 5 de febrero de 2009

Enferma

Hace no mucho tiempo, las clases de Ciudad Universitaria eran interrumpidas por una joven mujer y su hija. La joven mujer estaba muy venida a menos y hablaba con muchísima dificultad, la hija estaba notablemente enferma. La joven mujer entraba llorando a la clase y gritaba que necesitaba ayuda, lo que sea, por su hija, para que pueda vivir, lo que tengas, si tenés, algo seguro tenés, es para mi hijita, no para mi, un centavo, unas galletitas, un billete. Algunas veces le dábamos, otras no. Ella no dejaba de llorar ni gritar un segundo. Nos bendecía y agradecía como si le hubiéramos salvado la vida.

Hoy me la encontré en el colectivo. Habla perfectamente y trata muy mal a su hija. La hija sigue notablemente enferma.

Estoy cansada de vivir en un mundo en el que la confianza en el otro es una utopía. Pero de verdad, muy cansada. Y también muy triste.

lunes, 2 de febrero de 2009

Envidia

Me encantaría ser como esas mujeres que ante un plato de frutas lavadas, peladas y listas para comer, se llenan de emoción.

En mi micro universo, si alguien pretende encajarme un melón, primero tiene que haberme dado una tira de asado con un platazo de ensalada rusa.

Recién ahí, puedo pensar en comer un plato de frutas.